Ministro porrista

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

Cuando veo lo que se le viene encima a nuestro ministro de Hacienda, el doctor, Echeverry, siento pena por él. No tiene mucho control sobre lo que va a suceder, pero sin duda correrá la suerte de muchos de los portadores de malas noticias.

La impotencia ha llevado a Echeverry a hacer lo único que puede: lanzar porras. Uno lo entiende porque la economía tiene mucho de psicología, y si el loquero enloquece, que queda para los locos.

Hay un inconveniente con las porras: dudo que haya un economista o dirigente gremial serio que las crea.

Insiste Echeverry en que Colombia está preparada para la crisis económica mundial, aunque cautelosamente solo menciona Europa. Esto no es cierto, o mejor dicho, es cierto bajo unos presupuestos que tendrían que ser los correctos. La verdad, es muy difícil predecir como será el comportamiento de la crisis, su duración y extensión. Los presupuestos del ministro probablemente lo hacen sentirse preparado para una pelea cuyo escenario es un peso pluma, pero ¿qué pasaría si el que sale a pelear es Mike Tyson en sus mejores días? Nadie tiene la bola de cristal.

Tampoco le ayuda, que sus propios compañeros de gabinete lo saboteen. Por ejemplo, se le dio al ministro Díaz Granados por acelerar la firma de TLC, cuando nuestro relativo aislamiento comercial era nuestro mejor blindaje contra el contagio de la crisis mundial. Había que dilatar la firma de los TLC lo más posible. Lo hecho por Díaz Granados, equivale a comprar casa y empezar a mudarse, cuando el vecindario está en medio de un voraz incendio.

Parte del error, en mi opinión, es que se piensa en términos absolutos: o globalización o proteccionismo. Yo creo que ambos son necesarios y deben alternarse según lo exijan las circunstancias. Hay momentos para crecer jalonados por las exportaciones, y hay momentos en que hay que aguantar con el mercado interno.

Estamos en un momento en que todos los países sin excepción, quieren solucionar sus propias crisis vendiendo y no comprando. Están pensando como crear empleos y mover la economía, y por lo tanto todos le están apostando al mismo recetario.

Sugiere Echeverry que se bajen las tasas de interés y que se intervenga el mercado cambiario comprando 54 millones de dólares diarios en vez de 20. A su vez, menciona que están llegando inversionistas españoles y portugueses, imagino que con euros y dólares. Pensaríamos que la entrada de capitales inversionistas contrarrestaría lo hecho por el Banco de la República. ¿No serán 100 o 200 o más? Pésima idea.

Además el afán de darle liquidez a la economía puede dar al traste con las metas de inflación, que supuestamente es la función primordial del banco central. ¿Acaso quiere el gobierno que no nos preocupemos por la inflación en estos momentos?

Todo esto sin tener en cuenta que los hogares colombianos tienen ya un alto nivel de endeudamiento y que la capacidad de absorción de inversión de la economía colombiana no es muy grande.

Es comprensible que en la parte cambiaria, Echeverry esté tratando de manejar la tormenta en ciernes que le creó el ministro Díaz Granados, pero como bien lo dijo el presidente de Analdex, Javier Díaz, mucho de lo planteado por el gobierno no tiene sentido porque la mayor parte de nuestras exportaciones son del sector minero-energético que no necesita TLC ni manipulaciones cambiarias.

Probablemente no se lograrán las proyectadas cifras de crecimiento con todas sus consecuencias, y el año 2013 pinta difícil.

Si yo fuera Echeverry, abogaría por dejar quieto lo cambiario, bajar las tasas de interés, pero sobre todo por invertir fuertemente en infraestructura. Es el momento ideal para prepararnos para ser más competitivos y llevar a cabo megaproyectos.

Lograr competitividad coyuntural manipulando la tasa cambiaria es hacer trampa, y dañino para la economía en el largo plazo. Recordemos que este ha sido un tema espinoso entre los USA y China, y podría llegar a serlo para nosotros también.

Pareciera que estamos en un sin salida. Una situación complejísima en la que la cura puede resultar peor que la enfermedad.

Démosle tiempo al tiempo. A veces lo único que se debe hacer es echar porras, así que ministro Echeverry, adelante.

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