“Muchos piensan en cambiar el mundo, pero casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo” (León Tolstoi – Escritor ruso)
El fouchecito criollo no ha podido superar su frustración de que gran parte del pueblo lo minimice y desconozca que él quiere ser visto como el enano corzo que parió Francia y traspasó las fronteras dándose a conocer como Napoleón Bonaparte, mientras este a duras penas alcanza a convertirse en el hazmerreír del mundo con tantas sandeces que esputa constantemente y quien con su incontinencia verbal sólo emula a la Chimoltrufia, por cuanto así como dice una cosa, dice otra.
Como en aquellas fastuosas bacanales que se celebraban en el recordado grill Bucamba en el barrio la Lucha, donde se degustaban salsa y mambo en los años setenta, el pueblo observa la bitácora de los recuerdos y añora aquellas épocas pretéritas en donde la patria paría verdaderos estadistas, respecto de estos proxenetas e ignorantes de ahora.
Hoy, ad portas de un debate electoral y con el cuchillo entre los dientes, en cada uno de los corazones de los posibles electores crujen las ilusiones y las tensiones y, como dijo el emperador Julio César al atravesar el río Rubicón en la Roma imperial, la suerte está echada, es bueno mirar a tanta incontinencia verbal del payaso actual, quien en medio de su crasa ignorancia insiste en hacerle creer al pueblo que se ha convertido en el mesías y redentor, mientras a su alrededor campea la corrupción.
En los últimos días, siguiendo con su absurda perorata a través de la red X, el pigmeo gobernante la ha emprendido contra aquellos actores que se han opuesto férreamente a sucumbir ante sus irresponsables veleidades sociales para mostrarse como un estadista representante de la social democracia y de la internacional socialista y de vainas alcanza a llegar a gamonal de pueblo, debiendo aceptar que la responsabilidad le quedó grande, tan grande como esos vestidos que acostumbra a usar cuando alguien le sugiere que se vista decentemente y presentable.
Ha cazado peleas con las altas cortes, con los organismos de control, con la Fiscalía porque no se ha plegado a sus caprichos, ha vapuleado de día y de noche a la Registraduría, poniendo en tela de juicio su responsabilidad y compromiso con la patria en un momento crucial y decisivo para reflexionar lo hasta ahora vivido, recomponer el rumbo y poner a Colombia por encima de cualquier nimiedad o mezquindad política que ha despedazado las ilusiones de un pueblo que siente que ha llegado la hora de renacer como el Ave Fénix y emprender la reconquista de la patria.
La incontinencia verbal del bisoño emperador ha sido la constante en estos años de su desastroso y cleptócrata gobierno, en donde las fechorías de muchos de los altos colaboradores de su administración ha mostrado su pelambre personal y profesional y las arcas del gobierno están en ruinas, todo ello por una elucubración patética de querer desconocer una realidad orbital y para ello se ha autoproclamado como el paladín de las energías limpias, con lo cual hasta la mismísima Ecopetrol, que es la joya de la corona, ha pauperizado en sus finanzas, reforzado ello con una administración espuria y criticada desde todos los sectores internos y externos, desde donde critican una obsesión paranoica por, según él, descarbonizar el planeta, resaltando que Colombia es potencia de la vida, mientras la seguridad hace aguas y babea por doquier.
Lo más importante es que las instituciones han frenado sus ímpetus invasionistas internos y lo han puesto en su lugar y los colombianos sólo esperan que cese la horrible noche y se vaya con sus bártulos lo más lejos posible y el domingo es el día.
Columna de Opinión
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