Germán Vargas Lleras

Columnas de Opinión
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El momento que atraviesa Colombia y los retos a futuro demandaban un hombre como él.  Era su momento y era aquello para lo que se preparó toda su vida.  Dios tenía otros planes, y murió después de una penosa enfermedad.

Germán Vargas Lleras fue un líder nato, con gran conocimiento de la problemática nacional, y que además había demostrado su capacidad como ejecutor.  Una rara combinación, ya que la mayoría de nuestros presidentes generalmente se quedan en la grandilocuencia.  Germán Vargas Lleras era un estadista en su esencia, pero la vida no le dio la oportunidad de demostrarlo.  Su partida es una gran pérdida para el país. 

El momento actual no era su único momento, ya que, en el pasado, hubiera podido ser presidente si hubiera dejado a un lado la lealtad con Santos.  Si se hubiera decidido, Vargas Lleras hubiera derrotado a su jefe en 2014.  Ese error de juicio le costo sus posibilidades de ser presidente, y le ha costado sangre y tragedia al país. 

Como todo hombre de valía, tenía sus lunares.  Era un político que acusaba un pragmatismo maquiavélico.  Hacia alianzas electorales con personajes de dudoso cuño para ganar elecciones, como nos consta en la Costa Caribe.

Fundó el partido Cambio Radical, el cual ha sido una bancada importante y que pesa en el legislativo, y por lo tanto casi que un convidado obligado a la hora de lograr gobernabilidad.  El peso de su partido le permitió mantener su influencia y su vigencia.  Cambio Radical proyectó su poder a nivel local, y fue capaz de poner gobernadores y alcaldes.  Era una combinación entre estadista y alguien capaz de gobernar con los corruptos, que desgraciadamente son plaga en nuestro país.

Sus columnas en los distintos medios siempre eran puntuales, y ponían el dedo en la llaga.  Un Petro que sangraba por las heridas, no dudó en graduarlo de enemigo y perseguirlo tanto a él como a miembros de su familia. 

Su temperamento era motivo de críticas y recelos.  Decían que tenía muy mal carácter, y es de ingrata recordación el coscorrón que le dio a uno de sus guardaespaldas, y que por un buen rato fue escándalo nacional y munición para sus malquerientes.

Fue despedido con las honras fúnebres que se merecía, y sin duda en la historia política del país, será un referente para las nuevas generaciones y será recordado más por sus aciertos que por sus equivocaciones, como les sucede siempre a los grandes hombres.

¡Paz en su tumba!
Columna de Opinión e-mail: vivesg@yahoo.com