Plato: Ruta de los 400 años

Columnas de Opinión
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Hablar de Plato, mi querida tierra natal, es mirar atrás con entusiasmo. Es recorrer una historia viva que sigue latiendo en la cultura, en la memoria y en la identidad de su gente. Cuatrocientos años después de su fundación -el 8 de diciembre de 1626- el municipio no celebra únicamente una fecha: reafirma su lugar en la historia del Caribe colombiano.


Ubicado a orillas del río Magdalena, Plato ha sido un punto de encuentro de culturas, tradiciones y formas de ver el mundo. Desde los tiempos de los pueblos originarios hasta su consolidación como territorio ribereño, su historia ha estado ligada al río y a la tierra. Es una ciudad pequeña, sí, pero con vocación de desarrollo, construida con el aporte de cada generación, cuyo espíritu regionalista no admite discusión.

En esta celebración, vale resaltar el encomiable trabajo de la administración municipal para darle realce. El alcalde, Armando Campuzano Restrepo, ha logrado organizarla y darle un rumbo claro, entendiendo que no puede quedarse en lo simbólico, sino que debe servir para impulsar la cultura y abrirle camino al turismo.

Pero si algo distingue a Plato es su capacidad de narrarse a sí mismo. Pocas ciudades del Caribe tienen una leyenda tan arraigada y universal como la del Hombre Caimán, nacida en estas tierras y transmitida por generaciones. La historia de aquel hombre, forzado a vagar entre humano y reptil, forma parte del imaginario de Virgilio Di Filippo; recreada en años recientes por Edgar Romanos Moisés, dio origen a una de las canciones más reconocidas de la música popular: “Se va el caimán”, de la autoría de José María Peñaranda.

Ese fantástico relato traspasó fronteras y hoy tiene un alto reconocimiento internacional como parte del patrimonio cultural caribeño. Es una muestra clara de que Plato no solo tiene historia, sino también una manera propia de contarla, con una identidad que logra proyectarse más allá de lo local.

A esa riqueza simbólica se suma otra dimensión igualmente poderosa: la música. Plato ha sido, y sigue siendo, tierra de músicos. De aquí surgen nombres que son referentes en la tradición musical del Caribe colombiano. Wilson Choperena, intérprete y autor de la letra de “La pollera colorá”; Antonio María Peñaloza, musicalizó el poema “Te olvidé”, canción considerada el himno del Carnaval de Barranquilla; Manuel Saumeth Núñez, prolífico creador; Francisco “Pacho” Rada, Alcides Díaz, Álvaro Lemmon, Pedro “el negro” Tovar, Mariano Enrique Pertuz, Roque Saballeth y el plateño prohijado Manuel “Mane” Arrieta.

A ellos se suman las nuevas generaciones que mantienen viva esa tradición: Maribel Cortina, Jesús Guillermo Díaz, y Carlos Mauricio Molina, entre otros, que continúan proyectando el talento plateño en otros escenarios. Ese relevo generacional demuestra que la cultura en Plato no es pasado, sino presente y futuro.

Plato no es solo un territorio, es una síntesis cultural del Caribe profundo. En sus calles, en sus fiestas, en su música y en sus relatos, se expresa una identidad que no se improvisa, que se construye con el tiempo y que sigue encontrando nuevas formas de expresión.

Esta celebración es una oportunidad para proyectar el futuro y asumir con mayor claridad los retos que vienen. La ruta de los 400 años no es solo conmemorativa, es una invitación a reconocerse, a consolidarse y a proyectarse con una visión de largo plazo. Porque en Plato, la historia no está escrita en los libros: está viva en su gente.

Columna de Opinión e-mail: emcastroc@yahoo.com

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