Malditos los corruptos: lo que la biblia realmente dice

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La Biblia condena firmemente a los Gobernantes corruptos, considerándolos una abominación que causa sufrimiento al pueblo, y advierte que Dios traerá severo juicio sobre ellos. 

Se enfatiza que el verdadero liderazgo debe ser servicial, justo y sin sobornos, contrastando con la opresión y la injusticia de la corrupción. 

La Biblia asegura que Dios castigará a los gobernantes perversos (Isaías 59:1-4 - Ezequiel (34: 8-11). Se destaca que cuando los malvados gobiernan, el pueblo sufre y gime. 

Jesús estableció que los líderes deben servir en lugar de dominar como dueños o abusar de su autoridad, marcando una diferencia con la forma de gobernar corrupta de la época. Se debe tener en cuenta la justicia y la rectitud, aquí se promueve un gobierno justo, ejemplificado por la exigencia de que no haya parcialidad ni aceptación de sobornos. 

La verdadera autoridad debe actuar con integridad. Si bien se pide respeto por la autoridad, la Biblia no exige obediencia cuando estas actúan contra las Leyes de Dios. 

El mensaje Bíblico subraya que la corrupción destruye el bien común y que, eventualmente el sistema de justicia Divina prevalecerá sobre la injusticia. La falta de temor a Dios entendido no como miedo, sino como reverencia profunda y respeto, conlleva a ignorar sus mandatos, resultando en comportamientos abominables, pecado y desobediencia. 

La Biblia indica que quien no teme a Dios entrega a deseos pervertidos, la soberbia, el engaño y el desprecio a su autoridad, apartándose del mal camino. El temor a Dios no es miedo paralizante, sino una actitud de asombro y reverencia que se origina en el amor, llevando a honrarle y obedecerle. 

Al carecer de esta reverencia, las personas se comportan guiadas por instintos, cometiendo acciones que la Biblia califica como no agradables a Dios: Orgullo, mentira, violencia, deseos pervertidos, adulterio, robar, matar, desprecio por la santidad. 

El temor del Señor es la sabiduría y la fuente de Vida que capacita al individuo para aborrecer mal y apartarse de la conducta pecaminosa. 

Quienes viven sin temor a Dios tienden a desobedecer su palabra y sus acciones, traen ruina espiritual que conlleva a un alejamiento de Dios, produciendo debilitamiento de la fe, falta de propósito, desinterés por lo sagrado, estancamiento personal y aislamiento. 

Se manifiesta como sequedad espiritual, donde prima lo material, la falta de remordimiento y una alta vulnerabilidad ante situaciones adversas o tentaciones. 

Pero esta ruina espiritual, no es permanente y se puede superar buscando nuevamente la conexión con Dios, orando y volviendo a las prácticas de Fe. 
Columna: Vistazo e-mail: dioguerra@hotmail.es

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