El nacionalismo se alborotó por las acusaciones de Trump al presidente Petro, a quien calificó de líder del narcotráfico, y ese nacionalismo nos ha impedido valorar si hay algo de cierto en las acusaciones.
Varios factores entran en esta ecuación. La primera es la declaración de los carteles como organizaciones terroristas, lo cual le da al gobierno estadounidense una serie de herramientas para ser utilizadas en esta lucha, no muy distinto de cuando las Farc fueron catalogadas como tal, y que permitió utilizar recursos del Plan Colombia contra la guerrilla, quebrándole finalmente el espinazo. En plata blanca, esto le da a Trump el poder para luchar contra todo lo que apoye al narcotráfico, incluyendo destruir lanchas transportadoras.
Lo segundo son los datos de crecimiento del negocio del narcotráfico en Colombia, que ya no solo es cocaína, sino que ahora incluye el fentanilo. Esto como consecuencia de las políticas fallidas de Petro en aras de supuestamente impulsar una paz total. Ser líder no quiere decir que Petro este en el organigrama de un cartel como capo. Su liderazgo es en favorecer el fortalecimiento del narcotráfico con sus políticas públicas, y bajo estas consideraciones, sin duda Petro es líder del narcotráfico, capo de capos. Y ni que decir que la complicidad y defensa de Maduro, acusado de capo del Cartel de los Soles, comprometen a Petro penalmente bajo la legislación estadounidense, ya que el narcotráfico es un delito transnacional que le da jurisdicción a las autoridades estadounidenses.
Creer que las declaraciones de Trump son en caliente e impensadas es infantil. El tono y demás pueden hacer pensar esto, pero en los Estados Unidos se actúa sobre evidencia y con la prioridad de defender los intereses estadounidenses. No se le debe ni se le puede dar ayuda contra el narcotráfico a un gobierno que no tiene el deseo de combatirlo, sino que por el contrario lo ha justificado y lo ha crecido exponencialmente, de paso, perdiendo la soberanía territorial a grupos narcos.
La amenaza de Trump de que si Petro no cambia el rumbo intervendrá debe ser tomada seriamente porque bajo los poderes de la lucha contra el terrorismo el aumento desbordado del narcotráfico en Colombia es una amenaza existencial para los Estados Unidos. O Petro combate el narcotráfico o lo harán los Estados Unidos. Aquí no debe haber equívocos.
Es absurdo el argumento de los muertos en Colombia y que la culpa es de la demanda por la droga. Aunque son problemas conexos, el consumo no es el culpable de la producción ni viceversa, por lo tanto, cada parte en la cadena debe solucionar su parte. En Colombia la producción, y en los Estados Unidos el consumo. Puede haber, como de hecho lo ha habido, colaboración entre productores y consumidores porque se supone es una estrategia mucho más efectiva: se ataca el problema por ambos lados.
El problema de producción en Colombia en realidad es un problema interno, al cual no se ha encontrado solución por la debilidad del estado. Cuando en Colombia se habla del fracaso de la lucha contra el narcotráfico, realmente se está hablando del fracaso del estado colombiano, del cual esta es solo una de sus manifestaciones. En Colombia este fracaso del estado es evidente hoy en todos los frentes de la vida nacional. Petro y sus políticas han desmontado el estado y han llevado a Colombia casi que a convertirse en un estado totalmente fallido e inviable.
Trump está poniendo el dedo en la llaga, y en vez de ofendernos y pensar que se está atacando a Colombia – la acusación es a Petro-, esto debería hacernos reflexionar sobre la dirección del país y de la sociedad colombiana, que realmente es el quid del asunto.
Que Petro haya sido elegido “democráticamente” no impide que sea líder del narcotráfico.
Columna de Opinión
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