500 años.

Columnas de Opinión
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Mi Santa Marta bonita, mi Santa Marta, dos veces santa

No cabe duda que eres mujer

La más bella entre las bellas,

Pero también, la de más heridas y narrativas difíciles por contar.

Robaron tu oro, pero tú nunca has dejado tu brillo y fuerza sobrenatural.  


Eres madre, eres reina y no necesitas grandeza terrenal para protegernos a todos tus hijos con tu infinita magia ancestral. 


Eres caribe, eres agua, tierra y mar. 

Eres baile, eres fuego, eres brisa y suelo tropical. 


Nos rodeas entre la Sierra Nevada, junto a tus hermosas playas y toda aquella riqueza mística que compone tu reserva natural. 


Tienes encanto, tienes historia, y eres aquella postal favorita para regalar. 

Que te conozcan, que hablen de ti, que te visiten; pues, quién llega aquí, sabe muy bien que ya no te podrá olvidar. 


Naciste de tu madre Magdalena. 

Eres majestuosa… eres nada más y nada menos que de todas sus hijo/as, La ‘Perla’, la patrona, la señora capital. 


¡Ay! Santa Marta, la más anciana y sabia de todo el territorio nacional. 

Tenemos tanto que aprender de ti, y tú tanto a nosotros/as por perdonar. 

Somos hijos/as, admirados de tus historias… aquellos relatos de infinitas dolencias y heridas que aún a tus 500 años te quedan por sanar. 

¡Ay! mi viejita, has sido resistencia de maltratos e injusticias… gobiernos que te prometen, pero que no les pesa la conciencia, cuando la espalda te voltean a dar. 


Mi idílica Santa Marta,

Cuando te camino, en ti me encuentro y me comprendo un poco más. 

Que si hay otra vida

Suplico volver a nacer en esta tierra 

Volver a pisar su ardiente arena

Volver a sentir que pertenezco a ella.

Pues… una cosa es ser costeño/a pero ser costeño/a y samario/a, eso sí que ya es mucha calidá. 


Mi Santa Marta querida

Eres la raíz,

Eres Distrito Histórico, Turístico y Cultural. 

Entre tus atardeceres te contemplo, algunos entre tonos naranjas, otros entre el rosa, lila y ‘color mar’.

Ese ‘color mar’, espejismo de tus playas. 

Esos mismos matices del ‘color mar’, donde navegan nuestros sueños y con el que decoras a toda tu divina ciudad. 

No hay cita más hipnotizante que ver tu ocaso.

No hay pintura más prodigiosa que tu puesta de sol. Quien la observa no vuelve a ver otra igual. 

Eres una poesía bien recitada.

Eres el canto de fe, donde guardamos nuestra esperanza de verte progresar.

Eres la música que habitan tus calles coloniales.

Eres la musa y aquella revolución existente del arte que se dibuja entre los lienzos de tus paredes acabadas. 

Eres sagrada,

Porque siendo el origen donde todo empieza,

También, eres el fin, donde todo termina.

Columna de Opinión e-mail: mariavelezrojas95@gmail.com

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