La conmemoración del ‘Día Nacional por la Dignidad de las mujeres Víctimas de Violencia Sexual’ por parte de la Unidad para las Víctimas; si bien es una fecha valiosa y de muchísima reflexión, queda corta ante toda la gallardía que, dentro de un contexto de múltiples vejámenes, han tenido que vivir muchas mujeres. Una lucha, ejercida no solo desde lo individual, sino también desde lo colectivo a través de la sororidad, la escucha y la sensibilización, emanada desde lo visceral, lo cual las impulsa a ocupar espacios y alzar la voz, convirtiéndose así, en las heroínas de sus propios procesos, pero, sobre todo, en un ejemplo de valentía ante todo un país.
El avance en materia jurídica, política y psicosocial que se ha tenido respecto a este tipo de violencias ha sido enorme dentro del marco de justicia transicional; pues, hoy en día también se encuentran dentro de los diálogos el concepto de ‘violencia reproductiva’ –como el aborto forzado, la negación al acceso del servicio de salud sexual, esterilizaciones no consentidas, entre otros-. Históricamente, dicho concepto se había limitado a un efecto colateral de la ‘violencia sexual’, al punto de no visibilizarlo y, por ende, no darle el trato que se requiere en diferentes materias tanto de carácter nacional como internacional. Su categorización permite que hoy en día, exista una investigación más profunda y una mayor efectividad en relación a la reparación, verdad y justicia.
La violencia reproductiva nos cambia la percepción y el tratamiento colectivo a todo lo referente con ‘violencia de género’; pues, gracias a su visibilización se ha reconocido que la violencia reproductiva no es solamente una ‘consecuencia de’, sino que también se da como un mecanismo de control, terror y represión, mayormente contra las mujeres y la población LGBT.
Es elemental el exaltamiento a los aportes que estas mujeres han propiciado para los procesos de reparación integral y construcción de paz; pues, muy a pesar de los desafíos que puedan lidiar, han sido resilientes y resistentes, priorizando la protección de su familia y gestionando sus emociones desde sus costumbres, para la sanación de sus más íntimas heridas.