“Cuando los gobernantes pierden la vergüenza, los gobernados le pierden el respeto” (Refrán popular)
Los últimos días transcurridos en Colombia han sido de una inimaginable y realidad absurda, al punto que aun los más incrédulos y optimistas han entendido que vivimos días aciagos, en donde la imaginación no alcanza a visualizar lo que está pasando, y mucho menos se dimensiona la vergüenza y el oso ajeno, al punto que en estos momentos somos el hazmerreír del mundo y desde cualquier panóptica visión se ridiculiza al país y seremos objetos de todas las burlas posibles habidas y por haber.
Desde que comenzó el gobierno del cambio, la patria ha sucumbido ante una realidad compleja y vergonzosa que cada día nos damos cuenta que supera a la ficción, en donde nuestros dirigentes han dado muestra de una crasa ignorancia, misma que no va ser fácil superar, por cuanto los estándares de ingobernabilidad desembocan en una estúpida realidad.
Hace algunos días la sociedad colombiana conoció a través de una entrevista dada a la revista Semana por el ex canciller Álvaro Leyva Durán, que durante un viaje a Paris hace pocos meses, que el presidente desapareció durante dos días en los cuales él como canciller y persona padeció momentos embarazosos, sobre todo, cuando supo en donde había estado, haciendo énfasis que ahí comprobó que el ex comandante Aureliano padecía problemas de drogadicción.
Narra el ex Ministro de Relaciones Exteriores que el presidente se desapareció los días 23, 24 y 25 de abril de 2022 y nadie sabía nada de él ni en dónde estaba, al punto que los periodistas que hacían parte de la comitiva que lo acompañaba habían dejado y cancelado su estadía en los respectivos hoteles y lo esperaban en el aeropuerto, a donde nunca llegó, siendo informados que el vuelo había sido cancelado para el día siguiente, como consecuencia de problemas técnicos en la aeronave.
Es de reconocer que esta situación de adicción del primer mandatario ha había sido ventilada de manera furtiva cuando fue expuesta por el actual ministro del Interior Armando Benedetti, también adicto recuperado, según sus propias palabras, condición humana que hasta el día de hoy no ha sido desmentida por el Jefe de Estado, por cuanto ha venido dando explicaciones evasivas y absurdas, dejando a la imaginación de la sociedad más rarezas propias de quien se cree un ser superior y solamente consigue el repudio y rechazo de quienes en el pasado creían y pensaban que él sería el redentor de muchas inconsistencias y falencias y todo ello expele un fétido olor a podredumbre gubernamental que tiene convertida a Colombia en una cloaca administrativa.
El presidente en su burbuja social y trinando a horas de la madrugada y gobernando a través del teléfono ha quedado en evidencia de su infinita incapacidad de sacar adelante a esta Bananas República y, antes por el contrario, se está convirtiendo en un pirómano social y cada día que pasa sorprende con el burdo nivel de sus inexactitudes e incompetencias, demostrando que le ha quedado bastante grande la labor que una parte del pueblo le encomendó y la frustración campea por doquier, encumbrando el solio de Bolívar a unos niveles de indignidad que muchos compatriotas hacen remembranza de la necesidad que la historia habrá de buscar para que en las próximas elecciones aparezca y emerja de entre las piedras la icónica figura de un coronel Rondón que salve la patria.
Está demostrado hasta la saciedad que este gobierno está inmerso en una incapacidad total y con ello está arrastrando al pueblo al despeñadero social, porque en el horizonte no se vislumbra como alguien recomponga el camino, antes por el contrario, la tendencia es a empeorar.