Vi con mucho interés la entrevista que el periodista Miguel Manjarrez de esta casa editorial, le hizo a la abogada Leonor Gómez González Rubio. Para nadie es un secreto mis vínculos familiares y afectivos con Leo, como cariñosamente la llamamos.
La entrevista constata que Leo es una persona valiosa que podría servirle a Santa Marta como alcaldesa. Conoce la problemática de la ciudad y tiene una visión que es compartida por muchos y que serviría de insumo de trabajo para concertar una agenda programática con las fuerzas vivas de la ciudad. Un enorme valor agregado es que es empresaria del sector turismo, el cual todos sabemos es uno de los principales motores de la economía samaria; su conocimiento serviría para articular una ruta de trabajo armónica y viable porque a la fecha no hay un liderazgo capaz de posicionar el turismo para que redunde en el mayor beneficio económico y social para la ciudad. El turismo en Santa Marta está huérfano.
Otros valores agregados son las relaciones a nivel nacional y el reconocimiento del que goza hoy. Fuimos compañeros en la Javeriana en Bogotá, y esas relaciones cuentan y pesan a la hora de buscar un dialogo con empresas y el gobierno nacional. Es decir, tiene la capacidad de abrir puertas y tender puentes.
Uno de los rasgos más importantes del líder es rodearse de gente capaz y que suplan las falencias del líder. En un equipo idóneo radica la fuerza del cambio, y sin duda hay que escuchar a todos. Una sola golondrina por muy buena que sea, no hace verano. Leo tiene estas condiciones y además es una excelente comunicadora, que es el segundo rasgo más importante en cualquier gestión exitosa.
En el Callejón de la Infamia, probablemente dirán que lo que digo lo digo porque quien sabe qué nos traemos entre manos. La respuesta es nada. Leo es una persona integra que no llegará a robar ni a tratar de beneficiarse personalmente, además su amor y obsesión por Santa Marta es conocida de vieja data. De hecho, todos sabemos que cuando se llega a una responsabilidad pública con el solo interés de servir a la comunidad, el ejercicio político tiene tendencia a convertirse en una actividad ingrata y con no pocos sinsabores. Hay que gobernar con y entre bandidos. En lo personal, no me interesan puestos ni prebendas, aunque estaría dispuesto a dar consejo de pedírmelo; es lo menos que podría hacer por la ciudad que me vio nacer y por la que siento un gran amor.
Por todo lo anterior y por entender los sacrificios que implica para un empresario meterse en política y gerenciar una ciudad, y con algo de temor, me atrevo a pedirle a Leo que coloque su nombre para la alcaldía a consideración de los samarios. Una petición absolutamente cerebral, totalmente ajena a los afectos y vínculos familiares.
Leo ha siempre querido servirle a Santa Marta y promoverla a nivel nacional e internacional, y la mejor forma es desde la alcaldía.
Creo que su candidatura arrancaría con un fuerte y extendido apoyo entre los empresarios, aun entre aquellos alienados con los partidos tradicionales. Tiene la credibilidad y las calidades personales para involucrar a los sectores populares en la concertación de la hoja de ruta de lo que sería su eventual alcaldía.
Confieso que me gustaría una candidatura por firmas, una candidatura de los ciudadanos y no una candidatura de partido. Pero como en la política se gana siempre sumando, las puertas deben quedar abiertas a la participación de todos los que compartan la visión y el método de trabajo, con el entendido de que apoyo no significa venderle el alma al diablo.
¡Veamos que dice Leo!