Buscando a Europa

Columnas de Opinión
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Desde la ruptura del acuerdo entre Trump y Zelenski, la situación internacional ha escalado de manera significativa. La reacción de la Unión Europea ha sido inmediata: un llamado al rearme del continente y la disposición de 800 billones de euros para la defensa, aunque con fuertes desacuerdos sobre su implementación. Mientras tanto, Zelenski busca retomar las negociaciones con Trump en Arabia Saudita esta misma semana, y Macron ha elevado el tono con declaraciones sobre el posible envío de tropas y la creación de un escudo nuclear europeo.

Por su parte, Putin ha declarado que no renunciará a lo que considera históricamente parte de Rusia, sin precisar si se refiere a los territorios conquistados hasta la fecha o a la totalidad de Ucrania. En este clima de alta tensión e intransigencia, la posibilidad de una tercera guerra mundial parece cada vez más cercana.

Una de las líneas rojas más evidentes la ha marcado Trump: Ucrania no puede ser admitida en la OTAN, como insiste Zelenski. De hacerlo, la humanidad podría quedar al borde de una guerra termonuclear, ya que Ucrania podría invocar el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, lo que implicaría un enfrentamiento directo entre Estados Unidos y Rusia.

El plan de Bruselas de asignar 800 billones de euros para la defensa ha generado resistencia. Algunos países argumentan que una estrategia militar común sería más efectiva que un rearme individualizado. La propuesta de Macron de dotar a Europa de un escudo nuclear también enfrenta escepticismo, ya que el arsenal francés es limitado y no tiene la capacidad disuasiva necesaria. Mientras tanto, Zelenski, consciente de la realidad, parece haber entendido que la adhesión de Ucrania a la OTAN y la UE es, por ahora, poco más que retórica, lo que lo lleva a insistir en renegociaciones con Trump.

Es interesante observar que, durante décadas, diversos países han abogado por un mundo multipolar sin la hegemonía de Estados Unidos. Aún más curioso resulta ver su reacción cuando Washington parece dispuesto a reducir su protagonismo. Europa, que dice aspirar a una mayor autonomía, aún prefiere la comodidad de su dependencia de EE.UU., lo que la deja atrapada en una paradoja: querer ser fuerte sin asumir plenamente el costo de su propia defensa.

Trump, consciente de los desafíos del siglo XXI, entiende que un Occidente fuerte requiere una Europa fortalecida en todos los aspectos. Sin una Europa capaz de asumir su destino, la influencia de Occidente podría desvanecerse.

Aunque la guerra es una perspectiva aterradora, a lo largo de la historia ha sido un catalizador para la unión de pueblos y la creación de estados. La mera posibilidad de un conflicto con Rusia obliga a la Unión Europea a enfrentar sus propias debilidades y redefinir su futuro.

Hoy, la UE sigue siendo un experimento a medio construir que no ha servido plenamente a muchos de sus miembros. La falta de una identidad europea cohesiva y la desconfianza en las instituciones de Bruselas son barreras evidentes para su consolidación.

Quizás la amenaza de guerra, o incluso la guerra misma, termine por forzar la evolución de la UE y la OTAN hacia una verdadera unidad. Un modelo como el de Estados Unidos, donde los ciudadanos se identifican primero como estadounidenses antes que como habitantes de su estado, podría ser el camino para que Europa finalmente logre la integración que tanto proclama pero que hasta ahora no ha conseguido concretar.

Columna de Opinión e-mail: vivesg@yahoo.com