Trump llegó pisando firme y el mismo día de su posesión inició una implementación agresiva de sus promesas de campaña. Uno de los anuncios que más ha alborotado a América Latina es la amenaza de retomar el Canal de Panamá; el obsoleto e inútil nacionalismo y antiyanquismo está en pleno furor.
Lo dicho por Trump debe entenderse a la luz de un contexto general de política exterior que no es otro que solo hacer negocios o financiar a los amigos de los Estados Unidos para proteger los intereses estratégicos. Friendshoring es el término acuñado para definir este fenómeno.
En el caso del Canal de Panamá y de América Latina, la aplicación específica de este pensamiento ha sido llamada por el New York Times, la Doctrina Donroe; es decir, se retoma la Doctrina Monroe de América para los americanos.
El problema con el Canal de Panamá es que cobra altísimos fletes a los barcos estadounidenses, lo cual obviamente impacta la competitividad de los bienes estadounidenses, lo cual contradice lo acordado en el tratado Carter-Torrijos. Valga la pena aclarar que los precios son concertados por diversos actores y poco tiene que ver con esto el gobierno panameño, aunque esto no cambia el hecho. Trump busca mejorar la competitividad de los productos Made in USA a cualquier precio.
El segundo tema de gran calado y que va más allá de Panamá es la influencia de China en la región. La creciente presencia de China en la región es una amenaza a los intereses geopolíticos y estratégicos y a la seguridad de los Estados Unidos. En el Canal de Panamá poco a poco los chinos se han involucrado en el manejo del Canal, y aunque todavía no lo gerencian, su sola presencia representa un enorme riesgo para la seguridad de los Estados Unidos, que van desde espionaje hasta saboteos. Por esto la Doctrina Donroe: hay que expulsar a China, Rusia e Irán de la región. Trump no dudará en utilizar el poderío militar y económico para lograr este objetivo.
Los panameños han acudido al argumento legalista, el cual realmente tiene poco o ningún valor. Uno de los problemas fundamentales del derecho internacional es que no hay quien lo haga cumplir, y si una de las partes decide dar por terminado un tratado, el único recurso es la reciprocidad. Si una de las partes es la única superpotencia del mundo, entonces, simplemente lo termina y se sale con las suyas. Reciprocar en especie no es una posibilidad. En síntesis, el hecho puede crear el derecho; en inglés se dice might makes right.
Trump, con razón, alega que el Canal lo pagaron y construyeron los Estados Unidos. Y si uno se vuelve legalista, el tratado lo firmó Torrijos, quien no era el presidente legitimo de Panamá sino el hombre fuerte, la autoridad de hecho, lo cual da pie para alegar la invalidez del tratado. Desde la firma del tratado se discute su validez por lo mencionado, y el consenso es que si es válido porque era la autoridad sin importar qué. El punto relevante es resaltar nuevamente que los hechos tienen validez en derecho y de poco sirve alegar tratados firmados. Si los Estados Unidos deciden retomar el Canal, los panameños tendrán que aceptarlo.
El Secretario de Estado, Marco Rubio, visitará Panamá prontamente, y con seguridad discutirá este tema. No creo que Estados Unidos quieran el Canal. Lo que persigue es fletes bajos a los barcos estadounidenses y la expulsión y prohibición de China de participar en nada que tenga que ver con el Canal.
Los panameños, visto desde el punto de vista del poder de las partes a la mesa de negociación, no tienen opción distinta a satisfacer las pretensiones de Trump.