Este año se esperan cambios grandes en todo el mundo. La sola llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos se espera producirá disrupciones profundas al statu quo geopolítico. Se esperan también cambios grandes en Europa Occidental debido a elecciones y los consecuentes cambios de partido y política pública. Estos y otros acontecimientos mundiales serán importantes; sin embargo, considero que lo más importante y relevante del 2025 es el Jubileo católico que inició el 24 de diciembre del año pasado y que culminará el 6 de enero del 2026.
En el mundo somos alrededor de 1.400 millones de católicos. Si todos los católicos, o la mayoría, entendieran el inmenso valor de esta puerta que nos abre la Iglesia Católica, las basílicas designadas en el mundo no darían abasto. No solo cambiaríamos para bien nuestra vida personal y familiar, sino que además cambiaríamos para bien la historia del futuro. En Santa Marta la Puerta Santa está en la Catedral.
Durante todo este tiempo del Jubileo se pueden ganar indulgencias plenarias para nosotros y para las almas del purgatorio. Explico en términos laicos y mundanos lo que entiendo. Digamos, por ejemplo, que yo rompo el vidrio de una ventana, y el propietario me dice que no me preocupe; esto es lo que se conoce como perdón y que es el que se obtiene por medio de la confesión. Sin embargo, yo debo resarcir el daño; es decir, tengo que pagar por el nuevo vidrio y su instalación; este acto de reparación es lo que las almas hacen en el purgatorio, del cual no saldrán hasta que hayan resarcido todos los daños causados en vida. La indulgencia plena nos permite resarcir los daños causados por nosotros, aquellos que hemos confesado, y los de las almas del purgatorio. Es decir, si un pariente está en el purgatorio y yo ofrezco la indulgencia plenaria por esa persona, inmediatamente sale del purgatorio. Imagínense hacer esto por todos y cada uno de nuestros seres queridos. Un gran acto de amor y misericordia.
Nosotros, la iglesia militante o los que estamos vivos, podemos orar por la iglesia purgante para ayudarla a subir a la iglesia triunfante, y una vez que el alma purgante está contemplando a Dios, puede interceder y orar por nosotros; es decir, te ayudo ahora y tu me ayudas después.
Si está a la búsqueda de propósitos del nuevo año, le sugiero ir tanto como pueda, de ser posible dos veces al día, a ganar indulgencias plenas para usted, para sus familiares y para otras almas necesitadas. Obviamente hay que cumplir con unas condiciones, entre estas una buena confesión y el propósito de no reincidir, comulgar y hacer todo esto con la intención de ganar la indulgencia. Las páginas del Vaticano y otras tienen información al respecto. No soy sacerdote ni tengo la intención de dar toda la información relevante; simplemente, me limito a señalar la relevancia e importancia de esta puerta de misericordia que se abre para los católicos y el mundo.
Pasarán veinticinco años para que se abra nuevamente la puerta de misericordia, y para muchos, dentro de los que me incluyo, probablemente este será el último Jubileo.
Reitero que el Jubileo es lo más importante porque todo lo otro que pensamos es importante, solo lo es en la esfera temporal y perecedero, mientras que el Jubileo actúa en lo eterno e imperecedero. El tema de este Jubileo es la Esperanza, que no es otra cosa que el creer, saber que la meta de la contemplación beatifica es posible y alcanzable. Lo imposible excluye la esperanza.
Lo importante es saber qué es lo importante para trabajar sin descanso para que siga siendo importante. Para mí lo realmente importante es poder contemplar algún día el rostro de Dios. ¡Aprovechen la ganga!