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En río revuelto, ganancia de terroristas

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



Una bomba aquí, otra allá. Paro armado, alianza Bacrim y guerrilla, más sentencia judicial. El Partido Conservador se despeluca y reconoce pérdida de control del orden público en algunas partes del país, Pachito Santos trata de saldar las cuentas de su niñez con su primo, Uribe sigue trinando desde su laberinto, Ley de Tierras, y por último columnas y editoriales que rayan en la histeria llamando a una acción decidida contra los delincuentes.

Los últimos acontecimientos parecieran darle la razón a los que claman una acción más efectiva por parte del Gobierno. Sin embargo, la lista que enumeré, me hace creer que más que hechos desconectados, estamos frente a una estrategia de desestabilización coordinada entre varios sectores para socavar el apoyo de la opinión pública al Gobierno. El problema con las Bacrim es sencillo. A Santos le tocó desmontarlas, ya que Uribe no quiso o no pudo. Las supuestas desmovilizaciones fueron una farsa, y en su momento esto fue denunciado por distintos actores, ante la incredulidad del país.

En esta arremetida coordinada del terrorismo, cada uno de los actores, tiene algo que ganar. La guerrilla, pretende fortalecerse para una eventual negociación. Además, le sirve unas fuerzas militares y un Gobierno desmotivado que no sean más que un tigre de papel al momento de aplicar la Ley de Tierras.

Otro tanto se predica de las Bacrim. También están siendo afectadas con la Ley de Tierras, y están siendo perseguidas inclementemente, dificultándoseles la extorsión y el narcotráfico.

Gracias a intereses comunes, dos enemigos antes viscerales, se unen para orquestar demostraciones que coloquen al Gobierno contra la pared y lo obliguen a bajar la guardia.

Uno de los elementos nuevos en esta avanzada terrorista, es el terrorismo judicial que se perpetra por medio de sentencias que quieren tener un efecto desmoralizador. No de otra forma puede interpretarse la sentencia del Tribunal Superior de Bogotá manteniendo la condena del general Plazas, exigiendo que el Ejército pida perdón por la toma del Palacio de Justicia, y que Belisario Betancourt sea juzgado por la CPI.

Es obvio que la sentencia judicial en cuestión, pretende humillar y desmoralizar las tropas, pero claro que no les podemos dar el gusto. Santos interpretó correctamente el sentir mayoritario, cuando pidió perdón a Belisario y al Ejército.

No se puede ser tan inocente como para creer que el poder judicial no está infiltrado por delincuentes. Claro que lo está. Y mal podría defenderse una sentencia a todas luces injusta y terrorista con el argumento de la independencia.

La independencia no puede ser cómplice de la injusticia. La independencia se garantiza para que se haga justicia y no para que le sirva de burladero. La independencia no se hizo para encubrir actividades subversivas, por muy sutiles que estas puedan ser.

Los terrorista bien saben, que las "guerras" trascienden lo militar. Es por esto, que tratan de doblegar a la opinión pública y así presionar al Gobierno. Una guerra puede ganarse militarmente pero puede perderse políticamente. Generalmente, el desespero de ir perdiendo militarmente, es lo que lleva a tratar de cambiar la suerte con una derrota política. Esto es lo que están tratando de hacer las Bacrim y la guerrilla.

Hay varios ejemplos de esto. En la guerra de Vietnam, los Estados Unidos ganó la guerra militarmente pero la perdió políticamente. Un acto bien orquestado por el VietCong cuando sabía que tenía la atención del mundo, cambió radicalmente el apoyo de la sociedad americana a la guerra de Vietnam.

Otro tanto hizo Pablo Escobar aquí en Colombia, cuando logró que un país arrodillado aprobara la no extradición y permitiera que este criminal se construyera una casa de retiro a la medida.

Lo más peligroso para el Gobierno en estos momentos, y de hecho para toda Colombia, es un giro en la opinión pública que le sea desfavorable al Gobierno.

Tenemos que creer que el Gobierno está haciendo lo que debe en el frente del orden público. Por otro lado, tenemos que ser conscientes de que los delincuentes no van a ser derrotados sin dar una pelea a muerte. Creamos en el futuro de Colombia. Ser colombiano es ante todo, un acto de fe.