Daniel Penny esperaba el metro en la ciudad de Nueva York, cuando Jordan Neely, 41 arrestos en su haber y drogado, amenazó a los presentes con asesinarlos. Daniel Penny, exmilitar y actuando en defensa propia y de los demás ciudadanos, restringió al delincuente por el cuello, el cual murió por estrangulamiento.
El fiscal de Nueva York Alvin Bragg es conocido por su activismo judicial; en su vendetta progresista invoca y se inventa teorías jurídicas sin asidero en la ley o la jurisprudencia; una clara instrumentalización de la justicia. Daniel Penny nunca debió ser imputado puesto que el uso de la fuerza fue razonable para evitar el daño a su persona o a otros.
Jordan Neely tenía problemas mentales y de drogadicción y claramente representaba un peligro para los demás; era una bomba de tiempo. El tema es que so pretexto de la libertad individual, o en Colombia derecho al libre desarrollo de la personalidad, las calles se han llenado de locos y drogadictos que no solo amenazan la convivencia pacífica, sino que además deterioran y contaminan el contexto urbano.
Caminar ciertos vecindarios en San Francisco, Los Ángeles o Nueva York implica tener la habilidad de esquivar materia fecal humana en las calles, salvarse de ser asaltado y tener cuidado para no pincharse con alguna de las agujas de los drogadictos. Estas personas en condición de calle han fundado prácticamente mini-ciudades, campamentos donde abunda la prostitución, el micro tráfico y todo tipo de delitos.
En Santa Marta, cuando he estado y caminado por las calles del Centro Histórico he visto un panorama semejante. La última vez que estuve una prostituta, bajo la mirada impávida de Bolívar, zarandeando sugestivamente las puchecas me juró a grito herido fidelidad y amor eterno; tomándome por gringo me gritó: I love you baby! Obviamente, decidí no pararle bolas a quien pudo haber sido el gran amor de mi vida.
Nos encontramos en la situación absurda en la que individuos hacen mal uso de su libertad y caen en situación de calle con problemas mentales y de drogadicción; sin embargo se socializa el costo: crimen, prostitución, micro-tráfico, enfermedades y deterioro urbano. El derecho de un individuo prevalece sobre los derechos sociales. ¿Dónde quedan las obligaciones individuales?
La normatividad debe cambiar para evitar tragedias como la que le tocó a Daniel Penny. El derecho del individuo no es absoluto, y las autoridades deberían tener la potestad de intervenir y sacar a estas personas de la calle, por la fuerza y contra su voluntad si es necesario. La condición de calle por si sola es plena evidencia de la incapacidad mental del individuo.
Si no hacemos algo pronto, el problema se crecerá a punto de ser inmanejable. Las drogas que hay hoy en las calles tienen la capacidad de deteriorar física y mentalmente a las personas rápidamente, incluso causando la muerte a quienes la usan por primera vez, como es el caso del fentanilo. Una conocida de mi hija probó una sola vez fentanilo, y esto fue suficiente para acabar con su vida.
El extendido consumo de drogas psicotrópicas ha desencadenado una verdadera pandemia de enfermedades mentales como nunca antes. El alcalde de Nueva York dijo que la tragedia de Jordan Neely fue culpa del estado y del sistema sanitario por no haber intervenido a tiempo en esta situación. Éste mea culpa coloca en el centro del debate las falencias legales e institucionales que llevan a este tipo de desgracias.
Se necesita actualizar las normas para que el estado y el sistema sanitario puedan intervenir tan pronto una persona caiga en condición de calle. Afortunadamente, el jurado declaró no culpable a Penny pero pudo haber sucedido lo contrario, lo cual haría que muchos lo pensaran dos veces antes de ser buenos samaritanos.