Imposible que Colombia avance en este gobierno, si el presidente desata polémicas permanentemente y el país navega sin descanso las olas tormentosas de los delirios y las paranoias de Petro. El presidente patológicamente busca el conflicto y divide.
Muchos analistas se trasnochan tratando de desenmarañar la estrategia política detrás de su errático actuar; en mi opinión, no hay estrategia alguna. Debería ser obvio a estas alturas que Petro adolece de enfermedades mentales, psicológicas y probablemente adicciones. Parte de su enfermedad mental se traduce en obsesiones, o mejor, en ideas obsesivas, lo cual es interpretado como que no escucha o terquedad. Sus obsesiones son tomadas como convicciones, pero la diferencia es enorme: las convicciones surgen de los principios, mientras que las obsesiones de problemas mentales. Difícilmente una persona con estos problemas logrará construir los consensos necesarios para gobernar.
El delirio de persecución y la paranoia lo llevan a creer que lo quieren tumbar, y ve golpes blandos todos los días donde solo hay acciones de una democracia operante con su sistema de pesos y contrapesos. Petro se ha convertido en un Quijote de platanal que ve gigantes amenazantes donde solo hay molinos de vientos. No hay poder humano capaz de convencer a Petro de lo contrario, además por su delirio de grandeza que lo convierte en dueño absoluto de la verdad; en realidad es incapaz de ver la realidad.
A los pocos días de invitar a un Acuerdo Nacional, que no es otra cosa que una constituyente bastarda, se va lanza en ristre contra los molinos de vientos alegando que el CNE lo quiere tumbar. El ataque visceral contra la institucionalidad no tiene precedentes en la historia moderna de Colombia. Además, invitando soterradamente a la violencia en las calles y amenazando con tomarse el poder. Parentéticamente, es poco entendible que el país político estuviera dispuesto siquiera a considerar que se derogue las Constitución Política por la puerta de atrás.
Los colombianos soportan un gobierno errático que dice y promete cosas que no cumple. El caos que se vive en el Ejecutivo, los escándalos, la falta de ejecución y de solución a los problemas del país, la destrucción de la economía es simplemente reflejo del caos mental y emocional de Petro.
Lo interesante en toda ésta situación, es que poco se ha hecho para remover a Petro del cargo por incapacidad, o por lo menos sus allegados obligarlo a que busque la ayuda médica y psicológica, probablemente psiquiátrica, para que logre estabilizarse mental y emocionalmente y pueda medio gobernar. La incapacidad de Petro más que un tema político es un tema médico y de compasión humana que se refleja en lo político.
Es difícil hacerle oposición política efectiva y seria porque sus narrativas son simplonas, dispersas y sobre muchos temas que van de lo divino a lo humano, y se suceden con rapidez vertiginosa, logrando que la locura noticia de la mañana en la tarde sea historia con una nueva locura.
Sorprende que la izquierda no le haya exigido a Petro estar a la altura del compromiso histórico, y que gobernara para demostrar que la izquierda violenta y guerrillera había sido superada y era hoy democrática y capaz de gobernar. Tristemente se convirtieron en una manada de Sancho Panzas y jumentos dispuestos a inmolarse con su líder. La izquierda aliada de Petro no se atrevió a exigirle honestidad para llegar ni le exigió gobernar alejado de las prácticas perversas que otrora denunciaban. Embriagados de poder tiraron por la borda la construcción de un proyecto político y la mayoría se unió rápidamente a la orgia de corrupción, clientelismo, nepotismo y todos los malos ismos. Nada bueno saldrá de esta desventura.
A la izquierda la historia le pasará la factura por haberse embarcado en un Titanic llamado Gustavo Petro.