A Occidente le cuesta mucho entender los sucesos de Oriente desde su propia perspectiva. Nos cuesta entender que para Oriente la historia pesa todavía mucho en las decisiones actuales, y que la religión da la pauta a seguir en las decisiones de gobierno. Ésta incomprensión ha ocasionado que algunas intervenciones de Occidente hayan sido desafortunadas.
La situación actual en Medio Oriente es un enorme desafío para las potencias militares Occidentales; desafío que se refleja en posiciones ambiguas. Por un lado reconociendo el derecho de Israel a defenderse y a su existencia, pero por otro lado tratando de restringir este derecho con pretensiones de derecho humanitario.
Es imposible que Israel pueda vivir en paz mientras esté rodeado de enemigos que quieren destruirlo a todo costo, y de paso a todo Occidente. Para Irán y sus aliados, Occidente es el Gran Satán y los infieles deben ser aniquilados; para ellos es una guerra santa. El líder máximo iraní suele decir que muerte a los Estados Unidos no es un eslogan sino una política de estado. No es posible que Israel pueda sobrevivir si le llueven misiles y drones prácticamente de todos lados. Para Israel, y sobre todo después del cobarde ataque terrorista del 7 de octubre pasado, éste equilibrio juega en su contra, luego entonces el balance de poderes debe ser alterado radicalmente para que Israel y su pueblo puedan vivir en paz. La solución de dos estados en las condiciones actuales es inaceptable porque sería dormir con el enemigo. El mayor escollo es Irán, financiador del terrorismo y que además cuenta con una extendida red terrorista que llega hasta América Latina, principalmente Venezuela.
Después del 7 de octubre y de dos ataques directos, Israel entiende que hay una ventana de oportunidad muy breve para resolver por un buen tiempo el problema de seguridad que amenaza constantemente su existencia. Por esto vemos la avanzada militar en Líbano, Yemen, y casi con toda seguridad en Irán.
El gobierno iraní en estos momentos es vulnerable, a lo cual se le suma la incertidumbre sobre lo que sucederá con la muerte del ayatola Khamenei. Es conocido que en medio de su barbarie, Khamemei se opone al uso de armas nucleares por motivos religiosos, pero esto podría cambiar con su muerte, con el agravante de que Irán está muy cerca de enriquecer uranio a los niveles requeridos para desarrollar armas nucleares; incluso se dice que podría lograrlo de querer en un par de semanas.
Toda ésta compleja situación y la necesidad de Israel de responder con la Ley del Talión, hacen inevitable que Israel golpee a Irán y lo haga de manera demoledora; ésta es su mejor opción estratégica y podría no volver a presentarse. Deben golpear las finanzas y por tanto la industria petrolera y deben también mitigar la amenaza nuclear; es decir, golpear los sitios donde se enriquece el uranio y actividades militares relacionadas. Estados Unidos se opone a lo segundo por miedo a que el conflicto escale y se extienda por la región, pero en mi parecer, o es ahora donde la pérdida de vidas y las materiales serían muy inferiores a aquellas causadas en un escenario nuclear. Si Israel ataca decisivamente a Irán y logra sus objetivos, es muy probable que el régimen teocrático colapse, en parte debido a un levantamiento popular. ¿Qué seguiría? Nadie lo sabe. Si algo nos han enseñado las intervenciones fallidas de Occidente es que la dinámica socio-política interna de Medio-Oriente es todo un desafío a la lógica, y que muchas veces lo que sigue es peor, como sucedió por ejemplo en Afganistán.
El mundo debe abrocharse los cinturones para lo que se viene; y si usted es creyente, este es el momento de desempolvar la camándula. Sabemos cómo comienzan las cosas, pero rara vez sabemos cómo terminarán.