Censura

Columnas de Opinión
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Los seres humanos estamos diseñados para actuar buscando la verdad y el bien.  El intelecto nos impulsa a buscar la verdad valiéndose del razonar.  Por su parte, la voluntad, que es donde reside la verdadera libertad del hombre, está predeterminada a buscar siempre el bien o lo bueno. El hombre solo es capaz de hacer el mal si éste tiene alguna connotación de bondad.  Estamos también diseñados para buscar lo placentero y evitar o huir lo doloroso.

Para poder manipular a los seres humanos individual o colectivamente es imperativo falsear la verdad o reprimirla total o parcialmente, de tal forma, que la voluntad se mueva bajo engaño; en otras palabras, alimentar al intelecto con imágenes falsas, o privarlo total o parcialmente de las que necesita para tomar una buena decisión.   Quien controla las imágenes, o como decimos coloquialmente, la narrativa, controla el actuar de la persona o de la población.  Esto cuando se actúa voluntariamente porque se puede violentar la voluntad mediante la fuerza y entonces no se está actuando libremente.

La tragedia de la humanidad comenzó con una noticia o información falsa o verdad a medias: no quiere que comas del fruto porque serás como Él. Y la historia tiene muchos ejemplos de cómo se ha manipulado la verdad para controlar a la población.  Siempre creímos que era un método más propio de los regímenes autoritarios, pero la carta de Mark Zuckerberg reconociendo la censura de información por presión del gobierno Biden-Harris da al traste con ésta vieja creencia y enciende las alarmas en el mundo libre.  Parece ser que ha hecho carrera en las democracias de tinte progresistas, de que la información debe ser manipulada o censurada, a expensas de la libertad de expresión, para lograr los nobles objetivos.

Bajo la premisa del fin justifica los medios, las aplicaciones del señor Zuckerberg interfirieron en las elecciones presidenciales pasadas en los Estados Unidos, y además ocultaron o manipularon información referente al Covid, al computador de Hunter Biden y al escándalo de Burisma.  El peligro se hace aun mayor con el surgimiento de la Inteligencia Artificial, que permite crear contenidos que parecen ciertos.  El éxito de la agenda progresista en el mundo es directamente proporcional a la habilidad de controlar y censurar la información, y es inversamente proporcional a la capacidad crítica de la población. Entre menos formada y más ignorante sea la población es mucho más fácil manipularla y es por esto que adoctrinan.

Las democracias son mucho más susceptibles que los regímenes autoritarios a la manipulación y por esto Rusia, China e Irán tratan permanentemente de valerse de información mentirosa para incidir en los procesos electorales o sembrar divisiones y caos social.  La teoría es colapsar a Occidente desde dentro. Colombia ha experimentado una buena dosis de estas prácticas de la mano de este gobierno, que para ganar las utilizó corriendo líneas éticas, y que ha pretendido gobernar de la misma manera; es un gobierno infestado de influenciadores y bodegueros cuya tarea es crear verdades y realidades alternativas y manipular a la gente.  Crear distracciones permanentes para que los colombianos no cuestionen al gobierno ni le exijan resultados. 

En dos años de gobierno, Petro ha controlado la narrativa y pone al país a hablar de cuanta locura se le ocurre a él o a su círculo cercano.  Y en este estado de confusión creado, ha impedido que se forme una oposición seria capaz de ponerle el cascabel al gato.  Para fortuna nuestra, es un gato perezoso, ignorante e incompetente que ha hecho innecesaria una oposición seria.   

Para salvar a la democracia de sí misma, necesitamos un ciudadano educado y pensante que cuestione la información y que demande de sus gobiernos libre acceso no censurado ni filtrado a la información.

Columna de Opinión e-mail: vivesg@yahoo.com