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El Pájaro de Perogrullo

El Pájaro de Perogrullo

Columna: Opinión

e-mail: jplievano@outlook.com



Hace años, Hugo Chávez dio un paseo por la Plaza de Bolívar en Caracas. Acompañado de sus funcionarios y seguidores, resolvió expropiar el Edificio "La Francia", en el cual tenían sus negocios más de 90 joyeros, y dos edificios más. El Dictador caminó vociferando "¡exprópiese!". Además, se dice que ese día "expropió" un inmueble del propio Estado venezolano. Estas expropiaciones fueron posibles por la destrucción de la institucionalidad, iniciada a través de una constituyente, su alta popularidad y la pasividad de los empresarios y otros sectores de la sociedad, y sobre todo por la falsa creencia de los venezolanos de que era imposible que Venezuela se volviera Cuba.

El guion de la izquierda, populista y dictatorial, terminó divinamente implementado, con la ruina del país más rico de la América española y el sufrimiento de sus gentes. Y a pesar de ello, de ver la película en el país vecino, un poco más de la mitad de votantes decidieron elegirlo presidente. Muchos, absortos y embebidos, continuaron apaciguados y dándole el beneficio de la duda, casi dos años después de su elección. Daban grima los políticos, empresarios y líderes de opinión, que teníamos como serios y responsables, acompañando y validando al Gobierno petrista. Algunos lo hicieron de buena fe, tratando de controlar o apaciguar al peligroso caimán, cuando lo único que realmente quiere es engullirse a las instituciones para perpetuarse en el poder. Lo de Petro, para decirlo claro, no es más que el poder por el poder. No importa el pueblo o los valores democráticos, o la moral, la ética y la decencia, y mucho menos la seguridad, la empresa y el empleo. Lo de él es el Estado gigante, el leviatán que lo puede y controla todo. Pero, como dicen, "peló el cobre". Primero con un proceso constituyente, llamado a fracasar desde su inicio, al no contar con el apoyo de las masas. Después hizo retumbar la palabra "intervéngase" estrepitosamente, como una vulgar amenaza de lo que sigue. Se empleó a una Superintendencia, a la policía administrativa del Estado, para hacer, en parte, lo que le negó el Congreso de la República, representante del pueblo, en franco ejercicio democrático y en cumplimiento de la Constitución y la Ley. Por lo que se conoce de la Procuraduría General de la Nación, estas fueron actuaciones caprichosas y que carecen de rigor técnico y jurídico. Las Superintendencias, y otras entidades del Estado, y los recursos de los contribuyentes, no pueden ser mal usados y gastados con tamiz ideológico y destructivo, para tomarse empresas, o controlar entidades, o circunvenir y destruir lo que no se pueden controlar. Así, el siguiente turno podría ser para cualquiera, incluso para otros sectores, como el financiero, donde el Gobierno ha considerado que no se generan valor agregado alguno. Finalmente, ese "intervéngase" del Gobierno petrista, no dista mucho del "exprópiese" del Gobierno chavista, y deja un mal sabor y una señal de lo que estaría por venir. El país necesita tranquilidad, sin polarización y dogmatismo. Requerimos contar con seguridad y más empresas y empleo, a través de condiciones políticas y leyes adecuadas, y la reducción del tamaño del Estado. Todo lo opuesto a lo que encarna este Gobierno.



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