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Cervantes desde su tumba

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es



Informaciones publicadas en el 2015 anunciaron el descubrimiento de los restos de Miguel de Cervantes Saavedra, autor de la novela de novelas ‘El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha’. El prestigioso diario español El Mundo tituló así una noticia en primera página: “Es Miguel de Cervantes, seguro, seguro, seguro... bueno, casi seguro”. Ese es el origen de la inquietud que a partir de esa fecha surgió en el mundo literario y puso de nuevo en primer plano al escritor más importante de la lengua española: el ‘Príncipe de los ingenios’. Los restos de Cervantes se perdieron entre 1630 y 1730, período en el que se construyó la cripta del Convento de las Trinitarias Descalzas en Madrid, ubicado en el Barrio de la Letras. Según eso, la duda, aunque sea mínima, subsiste. Esa polémica da pie para decir algo de Cervantes, diferente de los ríos de tinta que han corrido sobre ‘El Quijote’.

     De Cervantes se sabe casi todo, aunque su novela cumbre se menciona mucho pero cada día se lee menos. A este autor se lo asocia con ‘El Quijote’, pero se deja por fuera el resto de su obra. Sin embargo, sus ‘Novelas ejemplares’ son dignas de mejor trato por parte de profesores de literatura y, por consiguiente, de lectores en escuelas y colegios. Si por ellas se iniciase el estudio de Cervantes, mayor sería el interés por adentrarse en la magna obra de ‘El manco de Lepanto’.

     Las ‘Novelas ejemplares’ son una serie de doce relatos, más o menos cortos, que Cervantes escribió entre 1590 y 1612. Fueron publicadas en 1613. Seis de estas narraciones denotan un carácter idealista y tratan temas sobre enredos amorosos. Se puede afirmar que no pretenden ahondar en el aspecto psicológico de los personajes; más bien nos traen a la memoria las aventuras del pícaro de ‘El lazarillo de Tormes’. A esta tendencia idealista pertenecen ‘El amante liberal’, ‘Las dos doncellas’, ‘La española inglesa’, ‘La señora Cornelia’ y ‘La fuerza de la sangre’. Se consideran realistas: ‘Rinconete y Cortadillo’, ‘El licenciado Vidriera’, ‘La gitanilla’, ‘El coloquio de los perros’, ‘La ilustre fregona’, ‘El celoso extremeño’ y ‘El casamiento engañoso’.

     Para escribir sus ‘Novelas ejemplares’, Cervantes se inspiró en obras italianas del mismo estilo. De hecho, la lengua castellana ya había seguido la senda de la italiana al adoptar y adaptar el soneto en sus versos endecasílabos (de once sílabas). Debemos señalar que hasta ese  momento el verso de la poesía española era el octosílabo (de ocho sílabas). Juan Boscán y Garcilaso de la Vega fueron los pioneros en esta afortunada apropiación del italiano; con este aporte rindieron homenaje al gran poeta Francesco Petrarca.

    Poco se ha vuelto a decir sobre el hallazgo de la tumba de Cervantes. Pero es indudable que la noticia de hace unos años removió los cimientos literarios y puso de nuevo frente a nosotros a la máxima figura de las letras españolas. Ojalá sea un pretexto para volver los ojos hacia una narrativa que, aunque no profundizaba en el carácter personal de los protagonistas, anunciaba tímidamente la tendencia que aparecería más arde, en el siglo XIX: la novela psicológica, que abrió las puertas de un vasto mundo literario.

     Sin duda, las más conocidas de las ‘Novelas ejemplares’ son ‘La gitanilla’ y ‘El licenciado Vidriera’. La primera es la más extensa. Trata de una muchacha de origen noble, raptada por gitanos y educada por ellos; un noble se enamora de ella y decide llevar una vida gitana a su lado. Cuando se descubre todo, la historia termina felizmente con el matrimonio de la pareja. Por su parte, ‘El licenciado Vidriera’ es un joven pobre de nombre Tomás Rodaja. Viaja a Salamanca a estudiar, acompañando a un noble. Culmina sus estudios con honores; recorre varias ciudades de Italia, pero pierde la razón debido a un hechizo de amor que le han suministrado. Él cree tener el cuerpo de vidrio y ser sumamente frágil. Como su agudeza es sorprendente, todos le consultan sus problemas. La novela está conformada por las predicciones y conceptos emitidos por el licenciado mientras estuvo en estado de locura. Al final, recobra la razón; entonces nadie cree lo que opina o vaticina el licenciado.



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