BANNER_EMPLEO

Más víctimas de sus inventos

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger

Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Steve Roper fue un inventor estadounidense pionero de la automoción; creó uno de los primeros coches a vapor y, tal vez, la primera motocicleta: el velocípedo a vapor. El 1° de junio de 1896, con espectadores a bordo, subió a una de sus motocicletas: dio algunas vueltas en una pista para bicicletas, alcanzando los 64/mph; repentinamente, el aparato se desestabilizó y Roper cayó, golpeándose la cabeza; posiblemente murió por un infarto cardíaco antes de caer. En la Guerra Civil estadounidense, cada bando desarrolló submarinos propios; Horace Lawson Hunley, ingeniero naval confederado, inventó tres, accionados manualmente, para batallar contra la Unión. Uno de ellos fue el primero en hundir un barco enemigo mediante una mina eléctrica colocada en el casco. Durante un ejercicio de rutina el 18 de febrero de 1864, el submarino H L Hunley (llevaba el nombre del inventor) fue superado por la turbulencia acuática en la bahía de Charleston; se hundió inexorablemente, con Hunley a bordo.

El faro de Eddystone en Essex fue una obsesión para Henry Winstanley. Después de perder dos barcos en las rocas de Eddystone, decidió colocar un faro en ese lugar. Dos años duró la construcción, que inició su funcionamiento en 1698; averiado por una tormenta, lo reconstruyeron más robusto. Durante cinco años resistió todos los embates; Winstanley dijo que esperaba estar dentro de su torre cuando ocurriera la mayor tempestad posible. La gran tormenta de 1703 dejó muchos destrozos, cientos de barcos hundidos, miles de marineros fallecidos y el faro arrasado, con Winstanley dentro, pues realizaba una reparación; obviamente, falleció.

Los vehículos autopropulsados han sido fuente de catástrofes. El austriaco Max Valier fue físico, matemático, astrónomo y pionero en el desarrollo de cohetes; en 1928, junto con Fritz von Opel y Friedrich Sander crean un coche propulsado por un cohete que alcanzó los 380 kph. El 17 de mayo de 1930, durante una prueba, al carro se le explotó uno de los tanques que contenían combustible a base de oxígeno líquido y alcohol; la vida de Valier se consumió en segundos. Jean-François Pilâtre de Rozier creó el Globo Rozière; considerado uno de los pioneros de la aviación, hizo el vuelo libre en globo tripulado. Posteriormente, junto con Pierre Romain, intentó cruzar el Canal de la Mancha partiendo de Boulogne sur-Mer en un modelo Montgolfier modificado, propulsado con aire caliente e hidrógeno. El fuerte viento los devolvió, el globo se desinfló y se estrelló en el Paso de Calais; los dos tripulantes fueron las primeras víctimas oficiales de un accidente aéreo. En este siglo, Michael Dacre inventó el aerotaxi, un pequeño avión de pasajeros, el JetPod, diseñado para despegar y aterrizar en unos 125 metros; alcanzaría unos 500 kph en vuelo. Pensaba este británico que podría atravesar grandes ciudades como Londres en cosa de 4 a 5 minutos y aterrizar en pequeños aeródromos de la periferia; la tarifa estaría entre 50 y 60 € pasajero/trayecto, y con unos 75 aparatos cubriría las necesidades de JetPod. El 16 de agosto de 2009, después de 4 intentos en un aeropuerto de Taiping (China) logró alzar vuelo, pero casi de inmediato se desplomó: Dacre falleció instantáneamente. Otro pionero de la aviación, el rumano Aurel Vlaicu, fue ingeniero, aviador y constructor aeronautico. Curiosamente, había trabajado en la fábrica de von Opel. Mientras tanto, los demás constructores rumanos querían desarrollar un avión capaz de volar por encima de los Cárpatos; Vlaicu quiso ser el primero en lograrlo, y decidió hacer la prueba con un modelo viejo, un desgastado “Vlaicu II”; falleció en ese intento por un accidente aéreo el 13 de septiembre de 1913, en Băneşti, Rumania.

Ismail ibn Hammad al-Jawjari, empezando el siglo XI, y Otto Lilienthal, en 1869 caben en esta recopilación; murieron intentando planear con alas de madera adosadas a sus cuerpos. El erudito musulmnán muere inmediatamente en Njabur y el ingeniero alemán en Berlín, dos días después del accidente: sus últimas palabras fueron: “¡Es necesario que haya sacrificios!”.



Más Noticias de esta sección