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¿Podrá El Salvador convertirse en una historia de éxito?

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



Mediciones recientes en América Latina lo mostraban como el presidente más popular de la región.  Los resultados mostrados durante su gestión, algunos polémicos, fueron de buen recibo por la mayoría de los salvadoreños. Bukele renunció a la presidencia para buscar la reelección. 

El éxito de Bukele fue haber sometido a las temibles pandillas salvadoreñas.  La semana pasada, El Salvador celebraba 500 días sin homicidios. Obviamente, la pacificación del país permitió la reactivación de la economía. 

La historia reciente de El Salvador ha sido bastante cruenta.  Es un país pequeño, cuya población es comparable a la de Bogotá, pero mucho más denso.  Esto para decir, que lo hecho por Bukele no necesariamente es transferible a otros contextos y geografías.

El fenómeno Bukele no es nuevo ni en la región ni en el mundo.  Recientemente, Uribe lo hizo en Colombia, donde logró el punto de quiebre en el conflicto armado e inclinar la balanza a favor del estado.  Nótese que el desafío confrontado por ambos es diferente, siendo el caso colombiano mucho más complejo.  Lo novedoso tanto de Uribe como de Bukele es que se da en un marco democrático.  La mano dura y la bota militar han sido tradicionalmente la impronta de los regímenes autoritarios.  Es indiscutible que las sociedades sitiadas por la violencia están dispuestas a sacrificar libertades y aceptar violaciones de los derechos humanos, en aras de restablecer el orden y la seguridad ciudadana.  Caso en punto es Pinochet en Chile.  Pinochet no se cayó por dictador o por haber violado derechos humanos sino por corrupto.  La narrativa de los derechos humanos contra Pinochet es reciente.

En medio de la Guerra Fría, América Latina tuvo dictaduras militares y de la mano de la doctrina de la Seguridad Nacional, estas dictaduras impusieron el orden por la fuerza.  Sin embargo, muchos renunciaron a la dictadura al darse cuenta que gobernar una sociedad va mucho más allá de la represión y el restablecimiento del orden.  El estado policial está llamado a fracasar si es incapaz de traer desarrollo y bienestar económico.  El éxito de Chile y de Pinochet fue entender esto, y por esto se rodeó de los mejores para transformar la economía chilena.  Otro tanto hizo Lee Kuan Yew en Singapur.  Es de resaltar que el éxito tanto de Pinochet como de Lee Kuan se debió a que una gran parte de la población estaba en condiciones de asimilar los cambios, y en el caso de Singapur, ayudó también el tener las bases británicas en el funcionamiento del estado.

Le experiencia de los modelos exitosos muestra que no es suficiente lograr el punto de quiebre, sino que el control del estado debe ser total o casi total, o de lo contrario es reversible.  Esto es lo que ha sucedido en Colombia. El error de Santos fue no haber profundizado la política de Seguridad Ciudadana de Uribe antes de negociar con la guerrilla. No es suficiente que el estado sea el más fuerte, sino que debe ser el vencedor.  Lo segundo es que rápidamente debe transformarse la economía, y así poder llevar bienes públicos donde antes no llegaban. Lo tercero es eliminar la corrupción e implementar la meritocracia. 

Está por verse si Bukele replicará la experiencia colombiana o la chilena.  Los éxitos del estado policial son transitorios y de corta vida.  La pregunta es si Bukele será capaz de transformar económicamente al país y generar bienestar para la gente.  Es casi imposible sostener un gobierno en el largo plazo a punta de fusil.  El orden por la fuerza debe evolucionar al orden como valor cultural, y el miedo a la represión debe evolucionar a apoyo libre de la población.

Bukele pronto nos sacará de las dudas.



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