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Contratación del Distrito de Santa Marta: Una suma de incompetencias

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com

Twitter: @veruzkaaaron


En enero de 2022, la Alcaldía Distrital, inauguró el camellón Rodrigo de Bastidas, intervención  que por tratarse de uno de los más importantes espacios públicos y atractivo turístico de la ciudad, generó gran expectativa en los samarios. Pero una vez más, queda en evidencia la suma de incompetencias que caracterizan los procesos de contratación de los gobiernos del “cambio”, lo cual, le han significado a la ciudad: obras con sobrecostos, algunas inconclusas y otras siniestradas. Hoy, todas estas obras hacen parte del paisaje urbano, debido a la indiferencia de los entes de control. En el caso de la remodelación del camellón, recientemente se ha conocido del hundimiento del terreno a la altura de la calle 14. Sin embargo, esta no ha sido la primera falla, y al parecer, tampoco será la última. En la remodelación del Camellón Rodrigo de Bastidas, todo falló: su diseño, construcción e interventoría.

La obra contratada por la Alcaldía Distrital a través de la Empresa de Desarrollo y Renovación Urbano Sostenible de Santa Marta (EDUS) en 2019, tuvo una inversión cercana a los $15 mil millones (contrato de obra por $14.267.010.104 e interventoría por $689.675.001). El tiempo de ejecución era de 15 meses: 3 meses de etapa precontractual, que incluía la revisión de los diseños y 12 meses que comprendían la etapa de construcción. Pese al retraso de 1 año en su entrega, y de haber sido recibida “a satisfacción”, no cesan las modificaciones y ajustes de la obra.

El diseño tuvo varias fallas, una de estas,  la escogencia de materiales que no guardan armonía con el concepto histórico ni arquitectónico del Centro de la ciudad. Es el caso de los locales comerciales instalados, cuya construcción con material tipo contenedor, además de no integrarse paisajísticamente, no se compadecen de las altas temperaturas que caracterizan a la ciudad. Otra falla, fue la adición de obras de último momento como la construcción de la plazoleta de jugos, lugar donde relocalizaron a vendedores estacionarios de la calle 16. Esta área improvisada, no le aportó ni arquitectónica ni funcionalmente al camellón. Esto, sin obviar la insatisfacción de los vendedores, quienes consideran que el área de reubicación ha desmejorado sus ingresos por ventas.

Posterior a la entrega, tampoco pasaron desapercibidos el recubrimiento con concreto de las zonas verdes dispuestas al borde de la calzada, el cambio parcial del piso y la eliminación de la demarcación de la ciclovía. Esto último, implica un riesgo para los peatones, pues las bicicletas circulan, pero ahora sin control.

Estas imparables modificaciones, indican que el diseño inicial no tuvo en cuenta las características del entorno. Ante estas evidentes fallas en diseño y construcción, cabe preguntarse ¿Dónde estuvo la interventoría? ¿Dónde estuvo Corpocentro, que se suponía hacía veeduría del proyecto?

Mientras la ciudad pierde su patrimonio, a quienes les va bien es a los contratistas.  En este caso, al contratista A Construir S.A., una bienaventurada empresa que además del contrato del camellón, le fue adjudicada la construcción y adecuación de los corredores viales del Pando, Gaira, Oasis, Bastidas y carrera 19, que hacen parte de la malla vial del Distrito ($ 54.550.166.033). Inevitable preguntarse ¿Cómo una empresa foránea, con ejecuciones tan deficientes, logra importantes contratos en la ciudad? ¿Acaso no hay empresas locales a la altura de las necesidades de diseño y construcción que requiere la ciudad?

Las obras de remodelación del camellón Rodrigo de Bastidas, han cumplido a cabalidad con los bajos estándares técnicos, administrativos y financieros que han caracterizado a las contrataciones y ejecuciones de los gobiernos del “cambio”. A este paso, Santa Marta, en lugar de aspirar a una infraestructura para el desarrollo y competitividad, deberá conformarse con resistir al deterioro, producto ya no solo del abandono, sino de la precariedad y la baja calidad. ¿Qué resultados pueden esperarse de estos gobiernos para obras de mayor envergadura y monto financiero, como los que plantean para la solución del agua?