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Elite intelectual de Santa Marta: Más privilegio que merito

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com

Twitter: @veruzkaaaron


Parece que la “magia de tenerlo todo” de Santa Marta, no incluía el talento humano para administrarla. La ciudad ha pasado en las últimas décadas de ser una promesa de modelo de ciudad intermedia a convertirse en una ciudad fallida que desborda pobreza, atraso físico y violencia. Esta situación se debe al fracaso de sus gobiernos: los de antes y del “cambio”. Resulta inaplazable una profunda reflexión del conjunto de la sociedad en relación con la responsabilidad que tiene frente a esta debacle. La responsabilidad de esta reflexión le cabe a los sectores profesionales y gremiales, quienes se comportan como una élite intelectual ensimismada en sus distintos campos de acción, mientras mantienen un complaciente silencio ante el desgreño institucional local. La continuidad de mediocres gobiernos locales, ha sido posible no solo por las deficientes decisiones de los electores, sino por el bajo desempeño de una elite intelectual local que parece más preocupada por los privilegios que por el mérito.

Las elites intelectuales, según Shamus Khan («Elite Identities») están caracterizadas “[…] como aquellos sujetos que poseen altos niveles de capital (social, cultural, económico) y prestigio con respecto al resto de la sociedad”. En esta categoría podrían considerarse los intelectuales, científicos, miembros de organizaciones/sociedades profesionales, de agremiaciones e instituciones académicas; todos estos, actores presentes en el territorio samario. Si en teoría Santa Marta tiene una élite intelectual, cabe preguntar: ¿En dónde ha estado esta élite mientras la ciudad se hunde en el deterioro? ¿Será que acaso fue seducida por el poder político? ¿Ha sido constreñida por este mismo? o ¿Les es indiferente lo que suceda con la ciudad? Difícil dar respuesta a estos interrogantes, pero es claro que la gestión del territorio y sus recursos, quedaron a discreción de un incompetente sector público.

La falta de liderazgo de su élite intelectual, ha dejado profundas huellas en Santa Marta. Una de las decisiones más lesivas fue la escisión del territorio samario de lo que hoy se conoce como el Parque Natural Tayrona: el área más estratégica de la ciudad. Ni en ese entonces, ni después de casi 60 años, la élite intelectual local se ha inquietado por analizar el impacto de esta decisión, y mucho menos, arriesgarse a proponer alternativas para gestionar para la ciudad una compensación por parte de la Nación. 

Esta misma falta de interés, ha predominado frente a los diferentes problemas que aquejan a la ciudad. Ni proponen soluciones, ni propician la discusión de las alternativas que promueve el Gobierno Distrital. Ejemplo de esto, la crisis del agua, la cual en ausencia de criterios técnicos que confronten las decisiones de gobiernos incompetentes, sigue sin solución definitiva, pero eso sí, instrumentalizada para obtener beneficios electorales.

Otro aspecto en que la élite intelectual ha tenido solo un marginal desempeño, es ante la discusión del futuro urbanístico de la ciudad. Muestra de ello, la oportunidad perdida ante la actualización del Plan de Ordenamiento Territorial-POT (2020). Como resultado, un POT de manejo discrecional, que permite el manoseo de la norma por parte de las autoridades urbanas, y con esto, la mayor propensión a conductas corruptas en detrimento del territorio. Una fuerte crítica frente a este POT, es haber sido aprobado sin la totalidad de soportes técnicos de componentes fundamentales para el desarrollo de la ciudad.

Tampoco han merecido atención, la necesidad de promover debates frente a proyectos de gran impacto para la ciudad como la ejecución del Plan Vial del Norte y el traslado del aeropuerto Simón Bolívar, esenciales para la movilidad urbana y la competitividad turística.

Mientras la élite intelectual se mantiene ajena a los intereses de ciudad, el gobierno del “cambio”, ha sabido llenar este vacío como sugiere en “Los Orígenes del Totalitarismo”, Hannah Arendt: “[…] reemplaza a todos los talentos de primer orden, independientemente de sus simpatías, por necios y chiflados cuya falta de inteligencia y creatividad sigue siendo la mayor garantía de su lealtad.”



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