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¡Decidir bien!

Columnas de Opinión
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Todos los días en el mundo y Colombia no es la excepción amanecemos con noticias no tan buenas; pero es importante tener presente que todo no va a ser perfecto, pero si tenemos que defender nuestros derechos fundamentales en la posición en que estemos. 

No obstante, el ejercicio del poder tiende a justificarse como solución necesaria para regular y equilibrar el orden y la justicia en el seno de la sociedad, el recurso a la fuerza, inherente a todo poder político, indica la presencia de intereses antagónicos y conflictos sociales que obligan a los gobernantes y lideres políticos a emplear la coacción para favorecer opciones determinadas.

¿Será que se ha implantado una cultura mafiosa que conduce a la violación permanente de principios fundamentales de una sociedad civilizada y democrática? El respeto a la vida y a la libertad de todo ser humano se ha perdido; y el buen y racional uso de los recursos de la nación, administrados por el Estado con el fin de destinarse para el bienestar general de la población, en buena parte lo hurtan para el beneficio de unos privilegiados delincuentes. En Colombia es cada vez más ostensible la distorsión de la política; la opción de crear mejores condiciones de vida a la sociedad en general, superando la desigualdad clasista y la arrogancia a que lleva el monopolio de la riqueza, se ha reemplazado por el abuso del poder con todas sus desastrosas secuelas, como es la corrupción en sus diversas variables, todas de negativo impacto.

Este año es particularmente diferente ya que dentro de unos meses nos acercamos nuevamente a un proceso electoral desde el ámbito territorial de elección popular eligiendo nuevos Gobernadores(as), Alcaldes(as), Diputados(as), Concejales(as) y Ediles(as); que seguramente la gran mayoría de los candidatos(as) coincidirán en sus campañas en que hay que acabar con la violencia y lograr la paz; reducir la pobreza y miseria absoluta; generar empleo; mejorar el acceso y la calidad de educación y de los servicios de salud; incrementar la tasa de crecimiento económico; combatir la concentración de la riqueza y de los ingresos; luchar contra la corrupción y la impunidad.

Debemos tener corresponsabilidad y más allá de eso responsabilidad con los dirigentes que elegimos, ir más allá de exigir el cumplimento de las acciones que prometen y la gran mayoría incumple. Nosotros los ciudadanos somos los responsables de los dirigentes que elegimos y no debemos caer en engaños de lo mismo de siempre; estoy convencido que la dirigencia política del país necesita más respeto con sus electores y más allá de eso una verdadera vocación de servicio con la comunidad y gestión social que conlleve a mejorar y minimizar muchos problemas y barreras – brechas sociales que muchos no saben cómo abordar y acabarlas.

Nosotros como Colombianos e individuos de una sociedad enferma por el odio, resentimiento de clases sociales – debemos terminar con ello; tenemos la necesidad de forjar una nueva dirigencia política, transparente y conocedora de las responsabilidades que se adquieren al honrársele con su elección a los cargos de elección popular. En las diferentes regiones del país se encuentra lideres y personajes respetados y reconocidos por la comunidad debido a su capacidad, conocimiento, transparencia e inclinación por las causas justas de la gente. Estos lideres podrán ser el núcleo de un movimiento nacional por la depuración y rescate de la política.

Lo más importante que desde mi punto de vista y opinión podrán generar ellos una gran movilización ciudadana, de mantenerse independientes, sin acuerdo alguno con el clientelismo de los partidos actuales que es el cáncer o la enfermedad terminal que parece no tener solución; pero es crucial solucionar para nuestras generaciones futuras que hoy en día tenemos. Así pues, desde una óptica imparcial se daría un importante paso hacia la verdadera renovación de la clase política que tanto necesitamos a gritos agigantados. Amanecerá y veremos que nos depara el futuro inmediato.