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El Orión V y la paz total

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Lafaurie Rivera

José Lafaurie Rivera

Columnista Invitado

e-mail: jflafaurie@yahoo.com

Twitter: @jflafaurie



Se les acabó el jueguito de sicariato moral en redes a los “personajillos” que, con oportunismo “carroñero”, cayeron con mentiras sobre los ganaderos y sobre nuestro gremio, a raíz del cargamento de cocaína –4,5 toneladas–, incautado por autoridades españolas en el buque Orión V.

Las declaraciones del contralmirante Mattos, comandante de la Fuerza Naval del Caribe, dejaron claro que el buque salió “limpio” de Cartagena y fue “contaminado” en aguas internacionales, presuntamente por el Clan del Golfo, a través de su estructura ¡Héroes del Caribe!, ¿leyeron bien?

Ya habíamos dejado claro que los ganaderos nada tienen que ver, pues venden sus animales “en finca” a un exportador que los entrega a bordo del buque (FOB), y desde ese momento, los riesgos y responsabilidades se trasladan al comprador. Será la justicia, a partir de los testimonios de los capturados, la que establezca quiénes eran los dueños de la carga, que no era cualquier alijo.

Siento, sin embargo, que la sorpresa y el escándalo en medios, como el escándalo de los difamadores de oficio, es un libreto repetido en un país que hace mucho perdió su capacidad de sorpresa frente al narcotráfico.

¿De qué se sorprenden? López era presidente cuando, ¡en 1976!, el Gloria viajó a celebrar el bicentenario de Estados Unidos con más de una tonelada de coca. En 1996, el avión presidencial que iba a llevar a Samper, ya sin visa, a la Asamblea de la ONU, llevaba también 14 paquetes de droga. En 1998, a un carguero de la FAC le encaletaron más de media tonelada. No se volvió a hablar de los minisubmarinos, que seguramente siguen surcando nuestros mares y, por supuesto, la tragedia de las “mulas” es cotidiana.

Los bananeros controlan por GPS los camiones y terminarán prohibiendo la parada hasta para ir al baño, porque en cinco minutos los pueden “contaminar”. Los floricultores siempre han lidiado con ese riesgo, que hoy amenaza a las exportaciones de ganado. Como vamos, todo aquel que produzca y exporte quedará bajo sospecha, cuando el país necesita diversificar sus exportaciones para disminuir la dependencia de la renta petrolera.

¿De qué nos sorprendemos?, si tenemos más de 200.000 hectáreas de coca, al tiempo que el Gobierno baja su meta de erradicación a 20.000 y propone legalizar cultivos de hasta 10 hectáreas. Comparto la condición de víctima del campesino, pero ya veremos “parcelados” los cultivos mafiosos y seguiremos en el sinsentido jurídico que también opera en la punta del consumo. Se legaliza el pequeño cultivo, pero ¿a quién le vende el campesino?: al narcotraficante. Se legaliza la dosis mínima, pero ¿a quién le compra el consumidor?: al microtráfico.

La sustitución es la mejor táctica, dentro de la gran estrategia de recuperar el campo, pero no para lanzar al campesino a la pobreza, sino para sembrar productos agrícolas con potencial competitivo o hacer ganadería silvopastoril rentable, y entonces hablamos de vías, servicios, crédito, asistencia técnica y protección del Estado.

Si de enfocar esfuerzos y mostrar resultados se trata, ahí están los cinco municipios que concentran el 33% de los cultivos de coca, para aplicar herramientas como el Acuerdo con Fedegán para la compra de tierras con asistencia técnica a los nuevos propietarios. Aunque todo el campo debe ser recuperado, allí se debería empezar, convirtiéndolos en prósperos centros de producción agrícola y ganadera.

Solo así se podrá empezar a quitarle tierra y, más importante, quitarle gente, campesinos al narcotráfico. Solo así el país podrá avanzar hacia la verdadera paz, que, no me cansaré de repetirlo, pasa por la recuperación económica y social del campo. No hay otro camino.



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