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El sentido de la Navidad

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



Se inicia la celebración de la Navidad en todo el mundo cristiano, y con ella vendrán las manifestaciones de alegría, las fiestas, el jolgorio y las reuniones de familiares y amigos. Habrá abrazos, risa y llanto, como siempre sucede en estas fiestas, y tampoco faltará el borracho latoso.

Lo triste es que a pesar de todo este jolgorio, muchos cristianos en todo el mundo, no entenderán que fue lo que celebraron. Las luces de los hermosos árboles navideños se encenderán, pero estos cristianos no verán la luz, y por consiguiente Jesús no nacerá en muchos corazones.

¿Cuál debería ser el sentido de la Navidad para el cristiano? El sentido de la Navidad es que Jesús nazca en nuestros corazones para que seamos hombres nuevos, y salgamos de las tinieblas.

Es un acto de reconciliación con Dios, con nosotros mismos y con nuestros semejantes. Dios no creó el corazón humano para odiar sino para amar, aunque claro está, que en el ejercicio de la libertad del que fuimos dotados, se nos dio la potestad para escoger entre estos dos caminos.

Y es en esa escogencia a través de la cual se desarrolla la historia de la humanidad y nuestra propia historia.

¡Que distinto es vivir la riqueza o la pobreza en Dios, a vivirla fuera de él! La presencia de Dios nos lleva a comportarnos con generosidad, con respeto y a tratar de hacer el bien como filosofía de vida.

La ausencia de Dios, por el contrario nos lleva al odio, a la ambición desmedida, al todo vale, y muchas cosas terribles.

Los pueblos han tardado en entender que el problema no es la riqueza ni la pobreza ni los sistemas políticos o económicos sino la ausencia de Dios. Esta es la gran tragedia de los hombres.

La Navidad es un tiempo de reflexión, que debe llevarnos a valorar lo que hemos hecho con nuestras vidas, y ver si estamos caminando por un sendero de luz o de tinieblas. No se trata de un diálogo con el mundo sino un diálogo silencioso, con nosotros mismos y con nuestra conciencia.

La verdadera Navidad es un acto personalísimo e individual. Podemos compartirla con otros, pero la experiencia que se debe vivir es única e individual. Esta es su verdadera esencia.

Bueno es recordar que por distintas razones, casi todas tristes o dolorosas, muchos no pasarán esta Navidad en familia; sin embargo, los invito a reflexionar para tratar de entender si esto que consideramos malo, tal vez no es cosa distinta al llamado de atención que necesitábamos para cambiar.

La realidad de muchos de nosotros, es la dedicación de nuestras vidas a luchar incansablemente por ser poderosos, ricos, exitosos y admirados. Sin tan solo dedicáramos una tercera parte de lo que dedicamos a las cosas mundanas a las cosas de Dios, estoy seguro de que alcanzaríamos la santidad en un santiamén.

San Agustín dijo alguna vez, ¿de qué te vale que te honren donde no estás, si te torturan dónde estás? O como dijo Job, desnudo he venido al mundo y desnudo me he de ir. Me pregunto yo, entonces ¿por qué dedicamos la mayor parte de nuestras vidas a lo vano e inútil?

Estoy seguro, que si lográramos entender el verdadero significado, la sustancia de la Navidad, la viviríamos de forma muy distinta a como lo hacemos hoy.

Lograríamos experimentar el verdadero gozo de sentir nacer a Jesús en nuestros corazones, de sabernos hombres nuevos y de saber que nuestra vida no tiene que ser vivida en vano ni llena de vanidades.

Equivocadamente muchos piensan que Dios es un Dios triste. Por el contrario, la presencia de Dios en nuestras vidas nos hace personas verdaderamente alegres. Un cristiano triste es un triste cristiano, y un mal ejemplo.

La huella verdadera del cristiano es el amor y la alegría, y todo lo que se oponga a esto es anticristiano. Por ejemplo, decir que se asesina por amor a Jesucristo, es una gran mentira que no debemos creer.

Quería compartir estas reflexiones con ustedes, ahora que ha comenzado un nuevo año litúrgico y que estamos en época de adviento o preparación para la Navidad. Sería bueno que no desaprovecháramos esta hermosa oportunidad de trasformación personal.

Por último, no creamos que Navidad sea solo en diciembre. No, Navidad es todos los días. Hoy y siempre serán Navidad, cada vez que Jesús nazca en algún corazón en algún lugar del mundo. ¡Les deseo de todo corazón, una feliz Navidad!