Una correcta política de subsidios

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El Pájaro de Perogrullo

El Pájaro de Perogrullo

Columna: Opinión

e-mail: jplievano@outlook.com



Los subsidios no son malos o buenos por su propia naturaleza. Su bondad o maldad depende de que están compaginados con reglas de la experiencia para su correcto otorgamiento y uso.




Igualmente, una cosa es tener la capacidad económica y los recursos disponibles y otra determinar el destino correcto de los mismos, especialmente cuando se destinan a subsidios.

Como van las cosas, el Gobierno va a contar con ingentes recursos adicionales de hasta 45 billones por la reforma tributaria, el mayor recaudo e, incluso, y ojalá no ocurra, por la reforma pensional y el régimen de pilares, pero aún debe controlar la inflación, financiar el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles y cumplir con la regla fiscal para contar con una economía y finanzas públicas sanas.

No obstante, anuncia el otorgamiento de subsidios por acá y por allá, tales como la condonación de créditos del Icetex, a las madres cabeza de familia, a los conductores, a los adultos mayores, a los jóvenes en paz, a los fertilizantes, al Soat de las motos y carros de servicios público, etc.

Por ello es importante considerar algunas reglas de la experiencia en materia de subsidios. Como primera regla,  no hay almuerzo gratis.

Esto quiere decir que finalmente alguien paga y que lo gastado, invertido o pagado por aquí se deja de gastar, invertir o pagar por allá. Como segunda regla, los subsidios no pueden ser permanentes y a las mismas personas, industrias o sectores, pues se generan dependencias, abusos e ineficiencias.

Los subsidios deben ser eminentemente temporales, como una ayuda puntual, para salir adelante o superar situaciones de crisis.

Como tercera regla, la cosecha debe ser superior a la siembra, es decir, que el resultado o rédito social debe ser mayor al gasto, inversión o pago, por lo que los subsidios se deben medir y cuantificar previamente. 

No se trata de subsidiar para calmar los ánimos, sino de otorgar subsidios para generar valor, por lo que la medición debe sopesar la rentabilidad económica y social para no caer en el populismo.

Como cuarta regla, siempre se deben exigir y generar conductas adecuadas y controlar aquellas que no los son.

De hecho, los subsidios deben ayudar y fomentar conductas y contrarrestar las contrarias, disímiles y perversas, que se pueden generar.

Como quinta regla, los subsidios no pueden ser gratis. Se requiere obligar al pago de parte de lo que se subsidia o exigir la realización de conductas claras y objetivas, pues lo que nada cuesta se hace fiesta y no se aprecia.

La sexta regla nos indica que los subsidios deben estar dirigidos mayormente a la competitividad y a las empresas, para la generación de valor y empleo, por la simple razón de que es mejor enseñar a pescar y fomentar la pesca, que regalar los pescados. 

Finalmente, los subsidios dependen de los recaudos, luego todos los residentes y ciudadanos deben contribuir a las finanzas públicas, en renta, así sea con unos pocos pesos.

Todo lo anterior debería analizarse al invertir los recursos públicos en subsidios, para no malgastarlos y caer en el abuso, la ineficiencia y el populismo.


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