Ni que fuera monedita de oro

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



Primero fue que el gobierno no había hecho nada, después que había chancuco con lo de los precios de las vacunas, después que la negociación fracasó porque el negociador no hablaba inglés, siguieron con que para qué semejante show para cincuenta mil miserables vacunas, y así sucesivamente.  

Los llamados del gobierno Duque para unir al país alrededor de un enemigo común llamado Covid caen en oídos sordos.  Sin importar que haga el presidente, lo que haga es inmediatamente politizado, y en el caso de la oposición, inmediatamente interpretado de la peor forma posible.

El creer que fue exagerado o no lo hecho por Duque al recibir las primeras cincuenta mil vacunas es cuestión de gustos.  Y más que de gustos, depende de la lectura que se haga del acontecer nacional.  Por los incesantes ataques de la oposición a la estrategia de vacunación y por los esfuerzos que hicieron, y siguen haciendo, por desinformar a la opinión pública, me pareció justificada la celebración que se hizo al recibir las vacunas.  Hay que entenderlo como un acto simbólico que pretendió darle un parte de tranquilidad al país.

A través de la historia los pueblos han dejado de lado sus diferencias, muy cruentas algunas, para confrontar a un enemigo común.  En muchos casos han sido enemigos externos, y quizás el racional es que el enemigo externo no va a tomarse el trabajo de diferenciar entre facciones.  A mi entender, el Covid equivale a un enemigo externo porque hasta donde sé, el Covid no discrimina y les da a todos por igual; ciertamente cabe en la misma categoría de los enemigos externos y por lo tanto justifica el dejar de lado las diferencias hasta que sea superada la emergencia.   

La oposición ya no es la que era.  Se supone que la razón de ser de cualquier oposición es contribuir a que las cosas se hagan mejor; es para construir mejor y no para destruir; y al mismo tiempo es una alternativa con vocación de poder.  Lo que hoy tenemos es Colombia es una oposición perversa e irracional, una oposición a toda ultranza sin son ni ton. Tenemos una oposición a la que no le interesa el bien común sino llegar al poder porque sí.  La oposición que hoy se hace en Colombia no es verdadera oposición sino enemigos, y por esto les es imposible dejar de lado los odios y hacer causa común por el bien del país.

Es triste el espectáculo que se presentó en el Magdalena, donde ni el gobernador ni la alcaldesa de Santa Marta se hicieron presentes para recibir las vacunas que llevó el viceministro Díaz Granados porque lo consideran un enemigo.  Se le olvida al gobernador y a la alcaldesa que ellos son funcionarios públicos para absolutamente todos los magdalenenses, que no gobiernan solo para sus copartidarios y que deben actuar en el interés de todos; aunque no les guste a los mencionados funcionarios, también gobiernan para sus “enemigos”; ese es el precio de ser elegido.  

En medio de la crisis que estamos confrontando sobran los odios a ultranza.  Hay escenarios en los que el gobernador y la alcaldesa pueden escoger con quien alternan, pero este no era uno de ellos.  Parece que solo están interesados en asistir a los eventos en los que ellos puedan llevarse todos los méritos porque aún siguen en campaña.  No creo que sea demasiado pedirles a los funcionarios públicos buenos modales y formas; no pueden olvidarse que nos representan a todos.  Lo cortés no quita lo valiente.  

Se necesita coraje para hacer lo que hay que hacer a pesar del veneno y la guerra de desinformación de la “oposición”.  Bien por el presidente Duque porque no ha caído en la trampa.



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