Jugando con candela

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



El panorama global es incierto a pesar de los esfuerzos desesperados para vacunar rápidamente a la población mundial contra el Covid-19 y superar la pandemia. Nadie sabe cuándo se podrá realmente comenzar la reconstrucción de los países.

La devastación socio-economía que la pandemia está dejando a su paso, en el caso colombiano ha implicado un retroceso de décadas en los avances sociales que se habían obtenido con mucho sudor y lágrimas. Tomará tiempo y muchos recursos revertir el daño.

El panorama local es aún mucho más delicado si se considera que estamos ad portas de iniciar un proceso electoral donde el descontento social y el voto de castigo serán los grandes electores. Aquí no podemos equivocarnos. Lo digo porque de persistir Duque en su empeño de hacer otra reforma tributaria, las probabilidades de que la izquierda llegue a la presidencia en las próximas elecciones aumentarían exponencialmente. El arte de gobernar exige que sus titulares entiendan las dinámicas políticas que pueden desencadenarse como resultado de las políticas implementadas.

El presidente no la tiene nada fácil. Conciliar la necesidad de cuadrar las cuentas del gobierno con la realidad socio-económica presente es prácticamente imposible. Veo esfuerzos contradictorios de parte del gobierno. Por un lado, hay un borrador CONPES, Nuevo Compromiso por el Futuro de Colombia, que aspira a crear dos millones de puestos de trabajo inyectándole a la economía $135 billones de pesos en los próximos años, pero al mismo tiempo se plantea una tributaria con más gravámenes para el consumidor, lo que equivale a una castración de facto del CONPES. Con el agravante que el efecto de la tributaria es inmediato, mientras que el del CONPES es a cuenta gotas.

Según lo declarado por el presidente, la tributaria se haría para solucionar el problema de pobreza extrema, para saneamiento fiscal y para mantener la confianza de los inversionistas. Sin embargo, el problema radica en que la pandemia devastó sin distingos a todos los colombianos, así que el manido discurso de solucionar la pobreza extrema es un pobrísimo argumento. La clase media, los profesionales independientes y los pequeños empresarios fueron devastados por la pandemia, entonces no se entiende por qué hacer toda una pirueta dizque para privilegiar a los más pobres. El gobierno pretende actuar como si estos fueran tiempos normales, cuando en realidad estamos confrontando una situación excepcional.

Puede que sea solo un problema de semántica, aunque no lo creo. Todo indica que el gobierno está pensando en reactivación, cuando en realidad el país necesita ser reconstruido. Reactivación es lo que se hace en tiempos normales y reconstrucción en tiempos excepcionales. La reconstrucción tiene prioridades, énfasis y tiempos muy diferentes a los de una reactivación. La lectura de la situación es la que determina la ruta a seguir, y en este caso la lectura del gobierno es errada. En otras palabras, lo expresado por el gobierno con respecto a la reforma tributaria y al CONPES no se compadece con lo que necesita el país en estos momentos y demuestra inexcusable torpeza.

Arrabaleramente hablando, sería una puñalada trapera, una cruel burla del destino que Duque en su afán por cuadrar la caja en el corto plazo, termine siendo el determinador del ascenso de la izquierda al poder. Sería la victoria más pírrica de todas las victorias pírricas. En su último cuarto de hora Duque necesita hábiles timoneles en los ministerios, curtidos en las lides políticas porque la híper racionalidad, que más parece estupidez, de los “tecnócratas” que hoy los lideran nos está llevando al despeñadero. Terminarán por regalarle el país a la izquierda. Hoy el gabinete presidencial es una extensión de la Falacia McNamara.

Duque debería engavetar la propuesta de reforma tributaria y dejársela al próximo presidente, y de paso reajustar el Conpes.


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