Ecos de la triple alianza

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Escrito por:

José Lopez Hurtado

José Lopez Hurtado

Columna: Opinión

e-mail: joselopezhurtado13@yahoo.es



Los delitos inenarrables de las dictaduras militares que asolaron a A.L., (década de los 80), con su herencia de miles de víctimas y de opositores políticos desaparecidos, y los de Lesa Humanidad perpetrados durante la Guerra de la Triple Alianza, (1864-1870) , son dos negros nubarrones en el cielo de la región, que hasta la fecha, no han logrado disiparse, ni merecido, así sea en forma simbólica, al menos, un reconocimiento histórico a las víctimas por parte de la justicia.

Como se ha tratado de hacer por los tribunales internacionales con el Apartheid en Suráfrica y con el Holocausto judío, por los masivos asesinatos del nazi-fascismo, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en un intento de lavar la ignominia de esa horrenda página de la historia mundial.

El Parlamento del Mercosur (ParlaSur) ha considerado la creación de la Comisión de la Verdad y Justicia en relación a la Guerra de la Triple Alianza, que permita, siquiera dar a conocer, después de 150 años, la magnitud de los delitos de Lesa Humanidad perpetrados contra Paraguay, que significó un genocidio, a la luz del D.I.H. de hoy, en cuanto que representó la desaparición del 90 % de la población masculina en condiciones de trabajar, y el asesinato sistemático de niños – alistados a los 14 y 15 años-, que se defendían con palos, hondas, lanzas y machetes, frente a las bien armadas tropas del Imperio de Brasil, (por aquellos tiempos del Emperador Pedro II), Argentina y Uruguay, necesitados todos de esa confrontación para lavar las culpas internas de sus endebles gobiernos que no lograban el reconocimiento institucional dentro de sus fronteras y en el exterior, en el caso de los dos últimos, y en el de Brasil , para disfrazar la más grave crisis comercial y financiera que soportaba por entonces, además por el rompimiento de relaciones con el Reino Unido, su principal benefactor . No se respetó tampoco a ancianos y enfermos por parte de los aliados, en un frenesí de violaciones y masacres.” ….la sangre corría por las calles, como agua de lluvia..”, cuando se degolló a más de 900 prisioneros paraguayos en la batalla de Piribebuy, según los cronistas.

La hermosa nación guaraní -- paraíso señorial de cálidas gentes y una de las culturas más lindas del planeta, por ese entonces potencia económica del Continente--, sufrió no solo ese desastre demográfico, sino también territorial al perder aproximadamente 334.126 Kms 2, y ser condenado a pagar una cuantiosa “indemnización” a sus contradictores bélicos.

La batalla de Cerro Cora marcó el destino trágico de esa sinigual guerra, pero también selló con tinta indeleble el espíritu de indomable arrojo, valentía y patriotismo de su pueblo guaraní, que lo sigue distinguiendo.
El presidente de los E.U. de Colombia Eustorgio Salgar, mediante la Ley 78 / 1870, concedió al término de la guerra el estatus de colombianos a los paraguayos, y en 1980, se firmó en Bogotá, el Convenio de doble nacionalidad, como un nuevo gesto de solidaridad y reconocimiento, que de seguro también lo hará la Comisión de la verdad propuesta en los foros internacionales.


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