Matrimonios por conveniencia

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



A muchos matrimonios se les acaba el “amor” rápidamente cuando llegan las dificultades económicas. La esposa o esposo de los buenos tiempos, ante la adversidad se transforma en un monstruo insufrible que abandona el barco o peor, hacen que el otro(a) lo abandone. Este es el problema de los matrimonios por conveniencia.

No me he convertido de la noche a la mañana en doctor del corazón. El tema al que quiero referirme es la fricción creciente entre los estados miembros de la Unión Europea como consecuencia de la crisis económica actual.
La relación entre los miembros no siempre ha sido armoniosa y ha tenido un sinnúmero de tropiezos desde sus inicios. La dificultad principal es la desigualdad abismal entre los países ricos y los más pobres, y la queja permanente de los primeros porque tienen que financiar a los segundos. Por si fuera poco, para evitar la fuga de puestos de trabajo a los países pobres, los países ricos se han visto presionados a mantener salarios artificialmente bajos en sus fronteras
Esta difícil y compleja relación ha alcanzado su punto más bajo como consecuencia de los salvamentos financieros requeridos para paliar los efectos de la actual crisis económica. En medio de la tensión se han escuchado acusaciones fuertes tales como que hay países irresponsables en el manejo de sus finanzas. No es sorpresa que los acusadores sean Alemania, la economía más fuerte, y Holanda.

El problema no había pasado a mayores, pero la semana pasada la Corte Constitucional alemana, le dio tres meses al consejo directivo de la Banca Central Europea (BCE) para que justifique el criterio de “proporcionalidad”; de no poder hacerlo, la banca alemana, el Bundesbank, se abstendría de participar. La banca central europea tiene su mayor musculo financiero en el Bundesbank, y esto sería un golpe mortal. El quid del asunto, según la corte alemana, es que las ayudas de salvamento deberían ser proporcionales a las contribuciones de los estados miembros. El caso italiano ha estado en la mira, ya que la BCE tiene el 30% de la deuda soberana italiana, que no contribuye en ese mismo porcentaje. La decisión va en contravía de decisiones ya adoptadas en el seno de la BCE que había suspendido por la emergencia sanitaria el principio de proporcionalidad. Esta sentencia llega en un mal momento.

La respuesta de la presidenta de la BCE, Lagarde, no se hizo esperar, y dijo que el fallo no les afecta porque como banca central, son independientes y están bajo la jurisdicción de la Corte de Justicia Europea que ya ha reconocido la legalidad de la compra de deuda soberana por fuera del principio de proporcionalidad. Este choque de competencias, que no es más que un brote de nacionalismo camuflado, y la realidad del peso innegable del Bundesbank en la BCE, han hecho que surjan voces pidiendo o bien una solución diplomática o una legal que dirima el impase.

Sin importar qué, Lagarde anunció que la BCE ha extendido una nueva línea de crédito de 240 mil millones de euros a los estados miembros para cubrir los gastos directos e indirectos de los países miembros, derivados del manejo de la crisis sanitaria del Covid-19.

No ha concluido aún el divorcio con Gran Bretaña, que acaba de anunciar su peor crisis económica de los últimos trescientos años, y ya surgen nuevos conatos de divorcio entre los que quedan. No es fácil en medio de la dificultad presente enfocarse preferencialmente en las posibilidades de un futuro mejor. No lo es sobre todo para los estados que sienten que se están aprovechando de ellos.
Pareciera que la solidez de las instituciones que sostienen la Eurozona, será suficiente para superar este mal rato. Por lo menos, esa es la esperanza.


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