Nicolás Maduro: acorralado y sin saber para dónde correr

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Escrito por:

José Noriega

José Noriega

Columna: Opinión

e-mail: jmartinnoriega@hotmail.com



“Ver una injusticia y no hacer nada, es no tener valor” (Confucio)

Por fin, con un mundo expectante y medio acobardado ante las falacias gubernamentales y administrativas del sátrapa venezolano, el mundo fija sus ojos ante la decisión tomada por el gobierno de los Estados Unidos, en el sentido de ponerle precio a la cabeza del dictadorzuelo Nicolás Maduro y sus secuaces, esos que han despedazado las ilusiones de un pueblo que hasta ayer era propietario de los yacimientos más grandes de petróleo en el mundo, cuyos habitantes hoy suplican por un mendrugo de pan para saciar el hambre y la desolación a que los ha sometido el infame presidente de la tierra que parió al Libertador Simón Bolívar.

Si, créanlo que es cierto, luego de varios años de escarbar en sus acciones, la justicia estadounidense ha señalado el final de la investigación y con base en ello ha recaudado un cúmulo de pruebas que le permitieron aperturar un indictment contra Maduro y sus amanuenses y mediante la Corte del Distrito Sur de Nueva York se le sindica y acusa por “conspiración y narcoterrorismo”, aunado al señalamiento de negociar toneladas de drogas con las Farc y de haber enviado hacia la Unión Americana un promedio de 250 toneladas de droga en el término de una década.

Como cabecilla del denominado Cartel de los Soles, -cofradía mafiosa conformada por oficiales de alto rango, desde la época gloriosa de Chávez-, y a la sombra del oscuro exteniente coronel Diosdado Cabello y Tareck El Aissami, conjuntamente con los generales retirados Hugo Carvajal y Clíver Alcalá, el elegido por el comandante se autoproclamó sumo emperador de la región y convirtió a su pueblo en otro paria de la misma, casi que obligando a sus coterráneos a salir corriendo despavoridos de su propia tierra para ir en búsqueda de lo desconocido e incierto, solamente con la magra ilusión de mitigar el hambre, un hambre que hoy los persigue.

Da cuenta la información que desde tiempos remotos cuando Maduro ocupaba el cargo de Canciller del presidente Hugo Chávez, ya recorría las esquinas del mundo organizando y negociando cargamentos de drogas y atesorando de esa manera muchas riquezas que terminaban por llenar las alforjas de esa recua de bandidos que se escudaban en un régimen perverso y corrupto y sobre el cual pensaban ellos nunca llegaría el brazo de la ley y la justicia, por cuanto llenaban de lisonjas a un vecindario paupérrimo que languidecía de hambre y en contraprestación les brindaba su irrestricto y vergonzoso apoyo para lo que fuera y necesitara, pero como dice la canción, todo tiene su final, y hoy, encriptado en las paredes de la sede gubernamental, no saben para dónde correr ni a quién pedirle ayuda, por cuanto siente el ardor próximo de la candela e intuyen, saben y sienten que cuando esta llega a dónde sabemos, quema y todos saldrán chamuscados y habrán de terminar apresados y a buen recaudo, porque sus porquerías han quedado al descubierto y les está pasando cuenta de cobro y bien sabemos que no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague.

Como es bien sabido, una rata acorralada y sin tener para dónde coger, debe elegir entre una sola opción, que es atrincherarse en su madriguera y seguir alimentando la estupidez de quienes aún creen en él, con la intención de que su pueblo se vuelque en una lucha fratricida y así obtener dividendos en pro de que alguien le lance un salvavidas para ponerse a salvo, cosa bastante difícil, porque nadie se enterrará con él, así que… chao Nico.


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