Sobrevivir en los tiempos del coronavirus

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



Cuando se creía que la tempestad había pasado, regresó con más fuerza, y lo hace en un momento en que Colombia se encuentra en una posición vulnerable. Mientras tanto, el presidente Duque sigue echando globos.

Le evolución del coronavirus y el pánico generado por el pobre manejo de la OMS y el cubrimiento sensacionalista de los medios carroñeros han generado pánico en los mercados. Sin excepción, todas las bolsas del mundo se han derrumbado. Al momento de escribir esta columna, la Dow Jones había caído más de tres mil puntos, la peor caída en doce años. Los precios del petróleo han caído también de manera acelerada, y para empeorar las cosas, los gobiernos del mundo se muestran confundidos en cómo manejar la crisis.

Todas las instituciones que monitorean la economía mundial han comenzado a revisar a la baja las perspectivas de crecimiento para el 2020, y Colombia no ha sido la excepción.

En un panorama global complejo y lleno de incertidumbres, llega la noticia de que el desempleo se trepó en Colombia y alcanza en promedio el 13%. En un país polarizado, más tardaron en publicar los datos, que en ser politizados. La oposición no perdió tiempo en culpar al gobierno por las cifras, pero la verdad es que cuando se miran con cabeza fría, en gran parte la trepada del desempleo es el efecto colateral de los paros y marchas. Gran parte de la pérdida de empleo se dio en el sector del comercio minorista, es decir, tiendas de barrio y similares. Los culpables directos de las malas cifras son los organizadores de los paros, y le deben una explicación al país.

A futuro el panorama luce complicado, y si las circunstancias no mejoran prontamente, el crecimiento de la economía colombiana en el primer trimestre va a estar muy por debajo de los estimativos iniciales. La caída de los precios del petróleo nos impacta negativamente y de manera importante por el peso de este en nuestra canasta exportadora.

Por otro lado, el dólar alcanzó la semana pasada un máximo histórico y superó la barrera de los 3500. En estos complicados momentos, no es un aliciente exportador. La subida explica una fuga de capital buscando puertos más seguros, y nos encarece bastante el servicio de la deuda externa; es decir, el gobierno tendrá que destinar más recursos a pagar la deuda externa debido a la pérdida de valor del peso. Nuestra deuda es en dólares.

Mientras tanto, el presidente está distraído en otras cosas. Pierde tiempo cazando peleas con la Bachellet y un informe de la ONU, o echando el globo de que el turismo debe ser el nuevo petróleo. No es que sea mentira que Colombia tiene un gran potencial para atraer turismo, pero muchas cosas tienen que suceder antes de que esto se convierta en realidad. El salto del turismo artesanal –que es el que tenemos- al turismo como industria, implica fuertes inversiones en infraestructura, seguridad y muchos otros frentes. Necesitamos primero resolver temas básicos antes de pensar en el turismo como industria. Entre las consideraciones importantes sobre este tema, es como evitar un modelo de turismo tipo Cartagena. Es decir, la mitad parece Miami y la otra mitad África. El turismo no puede exacerbar las desigualdades socio-económicas.
En síntesis, el presidente tiene que dejar de pendejear y andar hablando a futuro, cuando lo que tiene que hacer es enfocar todas las energías de la institucionalidad en las urgencias presentes. Las circunstancias son difíciles, y el presidente no se ayuda.


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