Davos 2020

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



La cita anual en Davos para participar en el World Economic Forum es rutinaria para líderes políticos, empresariales y académicos, entre otros.
Es la oportunidad para intercambiar y contrastar ideas y visiones sobre lo que está sucediendo en el mundo e intentar articular una hoja de ruta, una visión compartida que de soluciones a los problemas que confronta la humanidad.
Este año quedaron planteadas dos grandes ideas: la crisis del multilateralismo de la post-guerra y el intento de imponer una agenda ambiental. Sobre ambos puntos hay opiniones varias, y si tuviéramos que ponerles caras, una sería Donald Trump y la otra Úrsula von der Leyen, la recién elegida Presidenta de la Comisión Europea.
El multilateralismo o globalización nació fundamentalmente para evitar que el mundo tuviera que vivir un horror semejante a la Segunda Guerra Mundial. Se crearon la Comunidad Económica Europea, la ONU, el FMI, el BM, GATT (OMC) y otros organismos. La meta de crear un mundo próspero que beneficiara a la mayoría de los habitantes del planeta, y a la vez crear espacios para que los países dirimieran civilizadamente sus diferencias ha sido siempre una idea defectuosa porque una de las grandes debilidades de lo internacional es que depende de la buena voluntad de los participantes.
Hasta hoy, el sistema económico global se construyó teniendo a los Estados Unidos como el principal motor de la economía mundial, y de alguna manera, policía de facto, o nación hegemónica para utilizar el término correcto. Esto a pesar de la bipolaridad resultante de la postguerra. El esquema funcionó hasta que Trump decidió acabar con la asimetría en los intercambios comerciales, dejando claro que muchos países ya no necesitan ventajas, caso China.
La otra pata de esta idea multilateral fue el gran experimento de la Comunidad Económica Europea, hoy simplemente Unión Europea (UE), creando un mercado común entre países democráticos y así domesticar los nacionalismos que habían sido la causa de las dos guerras mundiales del siglo pasado. Un experimento que va a mitad de camino y que enfrenta dificultades propias de coordinar economías muy disímiles. La salida del Reino Unido de la UE es de alguna manera un retroceso en la implementación de la visión paneuropea.
En lo referente al comercio y la economía, el mundo desarrollado quedó dividido en dos campos. Uno representado por los Estados Unidos y el Reino Unido y el otro por la Unión Europea.
La segunda idea, la agenda ambiental, entra en escena como hermano siamés de lo económico. La UE lanzó su Green Deal hace poco y comprometió importantes recursos para reconvertir la economía de la UE y alcanzar la neutralidad en la emisión de CO2. De las declaraciones en Davos de Úrsula von der Leyen, queda claro que la agenda verde europea es mucho más ambiciosa y quiere imponerla al resto del mundo utilizando como arma el acceso a sus mercados, en lo que ya es llamado “proteccionismo verde”. Aquellos productos que no cumplan con los estándares de la Unión pagarían una “multa” para ingresar. No es un juego nuevo, ya que los europeos se han caracterizado por competir deslealmente creando barreras fitosanitarias y similares a productos provenientes de países no miembros de la UE.
De materializarse la agenda ambiental de la UE, el efecto en las economías de América Latina y África sería devastador. Somos economías que vivimos de las materias primas, y donde nuestros sectores productivos producen ineficientemente y lejos de los estándares verdes que quieren imponer los europeos. Adicionalmente, reconvertir nuestras estructuras productivas para hacerlas amigables con el ambiente tiene un costo impagable para nosotros. Aún estamos en pañales en economía circular y en adoptar fuentes de energía no fósiles – la ironía máxima es vivir del petróleo y del carbón- para mover la economía.
Para Colombia es urgente comenzar a negociar con la Unión Europea y comenzar a sintonizarnos con los nuevos tiempos. Al que madruga…


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