¡Que despelote tan bravo!

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



Qué creer o a quién creerle son las preguntas que hoy nos hacemos muchos colombianos, quienes cada vez estamos más confundidos con las decisiones que toman nuestras más altas instituciones.
En este agitado mar donde no se escuchan voces sensatas sino sectarias desde todos los rincones, estamos abandonados a nuestra suerte, a nuestra propia capacidad para discernir. ¿Cuál es la verdad?

La Corte Suprema en un solo día enterró las objeciones de Duque a la JEP y ordenó la libertad del narcotraficante y delincuente Santrich. Si las actuaciones fueron en derecho o no, es difícil decirlo sin conocer la verdad procesal.

Por lo menos en el caso de Santrich la evidencia del video no editado es tan contundente que quedó la sensación de que se actuó contrario a derecho, y que estamos frente a una Corte politizada que más que hacer cumplir la ley, está legislando. De hecho, da la impresión de estarse pasando la Constitución Política por la faja y actuando como Constituyente. Ahora resulta que quien tiene a su cargo la función de garantizar que nadie esté por encima de la ley, se ha puesto a sí misma por encima de las leyes y la Constitución, las cuales deroga conforme a sus querencias.

Una Corte que cuando falla alimenta el caos social y político y contribuye a la pérdida de credibilidad de la institución y a su acelerada deslegitimación, es una Corte que le hace mucho daño al país. Fallos percibidos como injustos y corruptos alimentan la polarización y atizan el odio. Por este camino nunca tendremos verdadera paz.

Medio país, seducido por el cuento de la paz de Santos, se ha convencido a si mismo de que lo firmado en La Habana es la paz y que hay que defenderlo a como dé lugar; nada más alejado de la realidad. Con lo de La Habana simplemente se desmovilizó parte de un grupo de narcotraficantes y asesinos que tenían poder perturbador en unas regiones del país.

Dentro de este afán de proteger lo que ellos consideran paz, las altas Cortes han violentado la ley y la Constitución, tal vez pensando que el fin perseguido es loable y justificable, y en honor a la verdad, porque algunos de esos magistrados guardan mal disimuladas simpatías con la guerrilla y la izquierda.

Los distintos procesos que se han hecho en Colombia para desmovilizar grupos armados al margen de la ley jamás han traído ni logrado la paz. Solo dan un corto respiro. Ni la negociación con la guerrilla liberal que desmovilizó a Duran Dussan y compañía, ni la del M-19, ni la de los muchos otros grupitos menos conocidos, y ni siquiera la del asesino narcotraficante Pablo Escobar, y mucho menos la de Santos. Se desmoviliza uno y el espacio es copado inmediatamente por otros, no sin antes desatar una violencia peor que la que existía para aniquilar a la competencia.

La mayoría de los asesinatos de líderes sociales es atribuible a este fenómeno como consecuencia de lo de La Habana. Ninguna de estas negociaciones ha roto el círculo vicioso y por esto no hemos alcanzado la paz, y no lo han roto porque son negociaciones mal hechas y mal estructuradas y dejan tantos cabos sueltos, que al final solo le dan a la población un alivio breve y transitorio.

En 1991, una Colombia doblegada por Pablo Escobar y compañía, le hizo una constituyente a la medida para aplacarlos. Hoy sucede algo parecido con las desmovilizadas Farc. Medio país, iluso y arrodillado, quiere regalarles el oro y el moro sin parar mientes. El otro medio país quiere aniquilarlos a punta de plomo, y me parece a mí, que este no es el ambiente propicio para estar pensando en constituyentes.

El error que no podemos repetir es el de hacer una constituyente a la medida de alguno de los dos lados. Las constituyentes no son instrumentos de venganza sino que deben hacerse cuando un nuevo pacto social le abriría la puerta a toda una sociedad de avanzar en la consecución del bien común, y cuando el consenso mayoritario es condición necesaria de legitimidad. Todavía hay tiempo para que la institucionalidad reflexione y haga que recobremos la fe en ella. Hoy reina el caos.


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