El despertar de las esfinges

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Lopez Hurtado

José Lopez Hurtado

Columna: Opinión

e-mail: joselopezhurtado13@yahoo.es



Si se revisa la historia de los países árabes se concluye que la democracia es un concepto extraño a los países islámicos, por lo menos como la entendemos en Occidente. Por eso los últimos hechos de Túnez que desencadenaron el efecto dominó en Argelia, Mauritania, Sudán, Jordania, Siria, Omán, Yemen, son atípicos en su desarrollo e impredecibles en sus consecuencias y resultados finales. No es posible por tanto, análisis uniforme ni para lo ocurrido en enero pasado con la "Revolución del Jazmín", ni para lo que se ha conocido como la Revolución de los Jóvenes en Egipto.

De longevas monarquías ancestrales, a colonias y finalmente a dictaduras, la región apenas comienza a asomarse a las formas occidentales de convivencia política. Muamar el Gadafi con 41 años en el poder, Abdalá II, con doce años tras suceder a su padre, Mohamed VI con 11 años, tras la muerte de su padre, Bachar el Asad, con 10 años, Abdelaziz Butlefika con once años, Alí Abdalá Saleh con 32 años en el poder en Yemen y Hamad Bin Isa al jalifa de Bahrein, con 11 años en el poder, son apenas algunas muestras del despotismo medioeval de esa región del Oriente Próximo y NorAfrica, calificada como la más represiva del mundo.

No obstante la dificultad de establecer puntos comunes de análisis en el conflicto de la región, sí pueden advertirse algunas causas que lo originaron y que tienen que ver con la corrupción, el alto desempleo, falta de oportunidades para los jóvenes, pero especialmente una que está presente en todos los países que se han sublevado, el incremento en el precio de los alimentos. Su incidencia incluso, ha sido de mayor significado que el aumento en el precio del petróleo, que en Egipto desde que estalló la crisis subió más allá de los 100 dólares el barril.

Nadie se arriesga a prever qué puede ocurrir con la salida de Mubarak y de los efectos colaterales que produzca en sus vecinos dada su trascendental influencia como socio natural de los Estados Unidos, y como baluarte en Oriente Medio, primero contra el comunismo y después contra el islamismo.

Los análisis más pesimistas tienden a señalar que con la salida del dictador egipcio, la desazón social puede abrir el paso a la impredecible Hermandad Musulmana, la más antigua organización integrista árabe, hoy virtualmente en la legalidad, que propende por la práctica de un Islam ortodoxo y enemiga de las políticas de Washington. Los temores encubiertos de ésta posibilidad tienen que ver con el grupo Hamas, considerado terrorista por Occidente, y del cual se afirma es su apéndice.

Otra no menos inquietante alternativa de solución a la crisis se relaciona con la aparición en la escena final de la transición de Omar Suleiman, considerado el hombre más poderoso de Egipto, después de Mubarak, y con quien la Casa Blanca está negociando el final del levantamiento. Arquitecto del plan de exterminio de los opositores del régimen y ficha crucial de la CIA, fue señalado por el embajador norteamericano en El Cairo en 1994, como "un hombre relacionado con cosas negativas como torturas…", según se desprende de un informe de Wikileaks. En definitiva, sea el desenlace que se produzca al conflicto, el sueño milenario de de la región, se ha interrumpido definitivamente. Gracias a la valentía de sus pueblos.



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