Los profetas del cambio

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Fuad Chacón Tapias

Fuad Chacón Tapias

Columna: Opinión

e-mail: fuad.chacon@hotmail.com

Un rápido viaje por carretera de fin de semana me permitió constatar una vez la estática realidad colombiana y cómo el país parece atrapado en un bucle de espiral que se repite cuatrienio a cuatrienio. Y es que solo con saltar de un municipio a otro para encontrarse con aquellos lugares comunes y personajes duplicados de la política que tantas ironías no han valido, son ellos quienes nos permiten reconocer las épocas electorales como la caricatura más auténtica de nosotros mismos.

 

Nada se le compara a la carrera por los votos a la hora de sacar a relucir la verdadera naturaleza de nuestra gente, esa esencia que se alimenta con cada nueva generación.

Primero está la excesiva contaminación publicitaria que las autoridades nunca han logrado atajar, pues toda superficie en la cual se pueda adherir un poco cinta transparente sirve para hacer algo de proselitismo.

Los contadores de gas mal instalados que se emergen de la tierra, los baúles y capó de un desvencijado Renault, las placas de zinc que rodean los linderos de una obra cercana, el perro vagabundo de la esquina que no es de nadie sino del barrio, a todo se le puede colgar un panfleto a la ligera para hacer sentir la presencia del candidato mientras se bombardea hasta la intimidad más profunda del electorado.

Después están las fotos oficiales con sus poses ridículas, tratando de simular un carisma forzado y una honestidad dudosa. Que las manos en alto con los índices señalando al futuro, que la mirada perdida en el horizonte como todo un visionario, que el brazo doblado demostrando la fuerza de unos bíceps musculosos sin músculos, que el sentado socrático fingiendo un áurea de sabiduría cual griego en su ágora, actores del teatro del absurdo. Por no hablar de aquellos candidatos que se postulan en cuerpo ajeno y cuya foto se imprime en tonos grises como la de un fantasma tras la de su esposa, hijo o hermano no inhabilitado, preso o investigado.

Y finalmente vienen los lemas refritos que desbordan creatividad, todos por lo general involucrados con la palabra "cambio", tal vez la más tecleada y vituperada durante los últimos meses en las mesas de trabajo de las imprentas y agencias publicitarias del país.

 Porque todos creen tener la llave de la renovación, pero basta con ver los partidos o caudillos que les apoyan para deducir que lo único distinto será el bolsillo al que irán las jugosas ganancias que se extraerán de nuestra maltrecha contratación pública. Ellos son los profetas del cambio que a fuerza de mercados, útiles y cemento van a forjar un nuevo mañana.

Tristemente esta es la política actual, a la que los niños se acostumbran en la calle, practican jóvenes en los colegios o la universidad y luego replican en la vida real. Un eterno ciclo de patéticas repeticiones que una y otra vez arrojará el mismo resultado: Un país perdido en el atraso por culpa de una clase dirigente corrupta que es elegida con la facilidad con que se entrega un tamal.