¿Qué tal que no fuera payaso?

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



Pecan de ingenuidad todos aquellos que descalifican a Trump llamándolo payaso y sin posibilidades reales de llegar a la presidencia de los Estados Unidos.

Alguien que ha creado una marca propia reconocida mundialmente, que ha salido de una quiebra, que es un fenómeno mediático y tiene una fortuna estimada en más de diez mil millones de dólares, no es un payaso.

Trump no da saltos al vacío, y es muy probable que antes de hacer sus polémicas declaraciones tuviera a su disposición múltiples estudios y encuestas hechos por expertos, que le indicaban cuales eran los temas sensibles sobre los que debía enfocarse.

Dicho de otra manera, un buen político tiene que entender el contexto, las angustias y deseos del electorado para moldear su discurso y sus programas. Generalmente, acceder a este tipo de inteligencia es costoso, pero es claro que para Trump esto no es un obstáculo.

Otra parte clave de la estrategia ha sido simplificar el mensaje para hacerlo un insumo de consumo masivo. Cualquier estadounidense, incluso si no está de acuerdo con lo que dice Trump, puede entender sin ningún análisis lo que este está tratando de comunicar. La simplicidad incide en la velocidad de la difusión del mensaje.

A conciencia se ha esmerado en enfocarse en los temas que dividen al país y que le garantizan una inmediata exposición mediática.

Es una persona acostumbrada a utilizar la controversia a su favor.
Y por último, utiliza un lenguaje emocionalmente cargado, visceral y anti político; es decir, políticamente incorrecto, que es su gran elemento diferenciador de los políticos profesionales.

La estrategia era llevar el debate a escenarios y foros incomodos para los políticos profesionales pero cómodos para él. Así creó la tormenta mediática perfecta, que lo hizo subir en las encuestas.

Nada de lo anterior sería posible sin el exhibicionismo impúdico de narcisismo que caracteriza a Trump y que es la impronta de muchos líderes.

Ya en medio de la tormenta mediática y cuando tenía toda la atención del país, el hombre es tan de buenas, que el asesinato incomprensible de Kate Steinle a manos de Francisco Sánchez, un inmigrante ilegal que había sido deportado cinco veces y con historial criminal en una de las zonas turísticas más visitadas de San Francisco, ponen a pensar a la opinión pública que tal vez Trump tiene mucho de razón.

Para completar su buena suerte, a los pocos días se fuga el Chapo Guzmán, otra vez, dándole soporte a lo dicho por Trump. No hay que ser psicólogo o semiólogo para entender por qué Trump hoy lidera en las últimas encuestas la intención de voto entre los republicanos.

Considero que un comienzo Trump creía no tener reales posibilidades de ser el candidato republicano y que simplemente quería introducir en el debate público unos temas que para el son importantes.

Frente al tema de la inmigración ilegal hay mucha hipocresía de ambos lados, que se sirven de la ingenuidad del electorado latino para ser utilizados como bolitas de ping pong. Muchos dudaban que Trump se saliera con las suyas, pero su discurso y las circunstancias, han comenzado a tener sus efectos a nivel de política pública.

El asesinato de Steinle, está haciendo que San Francisco reconsidere su política de no perseguir a los inmigrantes ilegales, y que el Senado este estudiando el asunto de las ciudades santuario. Si Trump tiene o no posibilidades reales de ser presidente, es difícil de predecir, ya que las circunstancias son las que determinan las posibilidades.

El ascenso de Hitler al poder fue catapultado por cambio de circunstancias que hicieron que un discurso que había sido rechazado y derrotado por su irracionalidad, de un momento a otro fuera aceptado por las masas. Solo las circunstancias prevalentes durante el debate determinarán el eventual éxito o fracaso de Trump en la carrera presidencial. A él solo le toca mantener un discurso y una línea coherente.

El alto gobierno colombiano puede aprender un par de cosas de Trump. Seguí por internet el panel organizado por El Heraldo, al que titularon Hablemos del Proceso: Estado de las Conversaciones.

Aplaudo el esfuerzo pedagógico inicial, pero el gobierno debe tener claro que la masa crítica que necesita para refrendar los acuerdos no va a surgir de eventos cerrados de alto turmequé intelectual y académicos en su esencia. Hay que simplificar el mensaje, y sin menoscabar la entidad conceptual, hacerlo fácilmente digerible y atractivo para las masas.

Es increíble que para ser periodista, el presidente es un pésimo comunicador. Se siente cómodo con las élites, pero no con el pueblo. ¿Será que doña Mechas está muy ocupada en estos momentos? Tal vez hay que colocarla al frente de la pedagogía del proceso de La Habana porque a esto sí que hay que meterle pueblo.



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