Triunfo de la democracia

Editorial
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Nos cabe la satisfacción de que, desde muy temprano tuvimos la percepción y la visión de avizorar lo que ha pasado con Abelardo De La Espriella y su llegada a la presidencia; muchos atribuían el éxito electoral únicamente al buen manejo de Abelardo de las redes sociales.

Simplemente se trata del desconocimiento de la historia y de los personajes de la política. Hay personas talentosas, pero sin votos; la votación de Abelardo no tiene precedentes y nunca se había registrado tantos votantes en torno de un candidato.

Fueron 14.950.000 votos, 4 millones más que en la primera vuelta. El fervor popular, su conexión con su pueblo, la fe en Dios, sus convicciones ideológicas, su coherencia en todo sentido, su patriotismo, sus ganas de servir a los colombianos, han dado lugar a que con Abelardo se vuelva a tener esperanza en nuestro porvenir inmediato.

Él manifiesta que prestará en el ejercicio de la jefatura del Estado un servicio militar. Es un orador prodigioso, posee el don de la palabra, maneja la mayéutica socrática bien difícil de entender y aplicar. Sus conocimientos del penalista y político italiano Enrico Ferri, así como Jorge Eliecer Gaitán el caudillo liberal, los tiene en cuenta en sus intervenciones. 

Es decir, sus improvisaciones son fruto de su estructura mental e intelectual, siempre con sentido filosófico. Pocos personajes gozan de esas virtudes.

Tan pronto como se conocieron los resultados que le daban la victoria a la presidencia, pronunció un discurso de excelencia, memorable e histórico. Tanto será que analistas internacionales lo han catalogado como una pieza ejemplar de oratoria; sin ninguna guía, sin leer absolutamente nada, con un dominio del auditorio y con una clarividencia y fluidez impresionante.

Estamos convencidos de que Abelardo brillará en el panorama hispanoamericano. Hoy por hoy no existe en ese ámbito territorial un líder con esas características humanas tan positivas, de tanta envergadura y peso específico.

El trabajo de su campaña es el prototipo de unión verdadera en torno de su candidato. Él era el Tigre, pero todos los demás se portaban como “tigrillos” dispuestos a entregar lo máximo con miras a conseguir el objetivo político.

Abelardo sabía y lo dijo “No se puede cantar victoria sino cuando termine la contienda electoral. Como si fuese un partido de fútbol con el pitazo final”. Nunca bajó la guardia y siempre dejaba traslucir su optimismo.

Expresó: “Estamos enfrentados a una mafia criminal”, encabezada por Petro, el jefe de debate cepedista, capaz de todo, con tal de conseguir su cometido de quedarse en el Poder con el heredero de Petro.

Repartieron contratos, cargos, dinero en efectivo comprando votos. Toda la maquinaria del estado trabajando en aras de poner los votos necesarios para que quedara Cepeda en la presidencia.

En las zonas en que el gobierno petrista ha permitido que sean tomadas por la guerrilla, lógicamente los fusiles en la nuca inclinaban el voto por Cepeda. Todo ello hacía que los cepedistas, pero especialmente Petro y Cepeda a los cuatro vientos expresaran que ganarían en las urnas.

Los primeros sorprendidos con la mayoría abelardista fueron los cepedistas, dado que nunca se imaginaron que Abelardo lograra tanta votación. Abelardo y todos sus componentes humanos trabajaron con ahínco, en forma permanente, cada uno cumpliendo su misión.

Sus derroteros se materializaron gracias a su dedicación y mística. Había que salvar a Colombia del caos total, la corrupción y el fortalecimiento radical del marxismo en cabeza de Cepeda. Qué maravilla haber logrado ese triunfo, que no es otro que el de la “democracia”.

Con Abelardo renacerá la libertad, el respeto a la propiedad  privada  y  a  la  institucionalidad.  Los

gobernadores y alcaldes consolidarán un nuevo país consistente en una alianza con el gobierno central.

La Rama Judicial y el Congreso tendrán su autonomía encaminada a articularse con el gobierno con el propósito de que haya una eficacia en el mismo Estado. A partir de ahora vendrá “La patria Milagro”.

La violencia de los grupos subversivos no solo se rechazará, sino que las fuerzas militares recuperarán los territorios y se ejercerá la autoridad. Con la ayuda de los Estados Unidos y reanudadas las relaciones con Israel reincorporaremos y dotaremos a nuestros ejércitos de tierra, mar y aire con los mejores y más modernos equipos de inteligencia.

Ninguna organización criminal estará por encima de la ley. Se perseguirá a los malhechores de acuerdo con nuestra constitución y leyes de la República.

Abelardo funcionará en su gobierno con disciplina, energía, compromiso, seriedad y honestidad, sin complejos, con vistas a llevar a Colombia al lugar de grandeza que bien se merece.

Tendremos un sistema democrático firme y respetable; a diferencia del gobierno anterior petrista que exhibía desorden en todos los niveles, corrupción generalizada e incompetencia administrativa.

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