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Los equilibrios de Biden

Editorial
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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, está haciendo equilibrios para frenar los ataques del Ejército israelí sobre la Franja de Gaza ante la presión del ala más progresista de su partido, pero sin llegar a anunciar restricciones a la venta de armamento a Israel por temor a una escalada con Irán.

Biden se encuentra en una posición delicada tanto a nivel nacional como internacional: debe calmar los ánimos de la base demócrata indignada por la violencia en Gaza, pero sin proporcionar a su rival, el expresidente republicano Donald Trump (2017-2021), ningún tipo de munición para ganarse a los votantes independientes, más alineados con Israel.

A nivel internacional, quiere evitar a toda costa que Estados Unidos se involucre en una nueva guerra en Oriente Medio, especialmente tras los desastres de Irak y Afganistán. Ahora, el principal temor es que Irán o sus aliados, como el grupo libanés Hizbulá, respondan con dureza al reciente ataque, atribuido a Israel, que el lunes destruyó el consulado de Irán en Siria.

Y es que Biden es uno de los líderes mundiales con una posición más comprometida. Tal vez al mismo nivel que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien esta semana vio cómo su rival político, Benny Gantz, pedía elecciones anticipadas para septiembre, aprovechando que muchos israelíes aún le culpan del ataque de Hamás del 7 de octubre. Todo sería más fácil para Biden si no se presentara a la reelección en noviembre. Ahora mismo, está atrapado.

Biden dio a Netanyahu un ultimátum durante una llamada telefónica el jueves. Por primera vez, el líder estadounidense puso condiciones al apoyo de su Gobierno a la guerra en Gaza y avisó de que la política de Washington cambiaría si Israel no tomaba medidas concretas para mejorar la situación humanitaria.

Horas después de esa llamada, Israel hizo dos anuncios importantes: abrió más vías para que entre ayuda humanitaria en Gaza y destituyó a dos comandantes responsables del ataque del 1 de abril que acabó con la vida de siete cooperantes de World Central Kitchen, WCK, la ONG fundada por el chef español José Andrés.

Estados Unidos ha celebrado esas medidas, pero ha avisado de que no son suficientes y exige avances en las próximas negociaciones de El Cairo para lograr un alto el fuego a cambio de la liberación de rehenes israelíes.

A pesar de las tensiones, Biden no está dispuesto a restringir el envío de armamento a Israel y resiste impasible ante las interrupciones cada vez más frecuentes de manifestantes que acuden a sus mítines para pedir a gritos un alto el fuego en Gaza.

El senador Bernie Sanders, abanderado del ala progresista, ha sido una de las voces más contundentes. Justo después de la llamada entre Biden y Netanyahu, dijo en CNN que "Israel no debería recibir ni un céntimo más en ayuda militar" hasta que no ponga fin a su ofensiva en Gaza.

Las presiones nacionales, sin embargo, no son suficientes para cambiar la estrategia internacional de la Administración; la razón es simple: Israel vive en un vecindario muy duro.

De esa forma, mientras Estados Unidos ejerce presión sobre Israel para que mejore la situación humanitaria en Gaza, también le reafirma su apoyo inquebrantable ante Irán, enemigo de ambos.

Todo en Oriente Medio se interpreta a través de señales y Washington no quiere dar la impresión de que su respaldo a Israel flaquea, abriendo la puerta a un ataque de Irán. 

El problema es que la violencia escale.

Por ahora, Biden ha sido capaz de hacer equilibrios entre presiones internas y externas, pero todo podría cambiar si se cumplen sus peores temores y la guerra en Gaza acaba en un conflicto entre varios países de Oriente Medio.

Ya existen focos de tensión candentes, con los hutíes en el Mar Rojo y los enfrentamientos entre Hezbolá e Israel en el sur del Líbano, y todo podría empeorar en una región que, ya en varias ocasiones, ha frustrado sin piedad las aspiraciones de Estados Unidos. 



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