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Siguen los movimientos políticos

Editorial
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A cuentas gotas el presidente electo de Colombia, Gustavo Petro, está dando a conocer su gabinete ministerial de acuerdo como se vayan presentando las situaciones y el actuar de los ministerios en empalme, que por lo que marca la tendencia, quien ejerza como director del dicho comité termina siendo el ministro del ramo.

Una de las designaciones que no caló muy bien en la opinión pública colombiana, fue la escogencia del senador Roy Barreras, como el próximo presidente del Congreso de Colombia, por su larga trayectoria en todos los partidos políticos del país y por su controvertida participación en asuntos no muy éticos en la campaña presidencial colombiana.

Mientras tanto el presidente electo sigue dando forma a su gabinete de ministros con la designación del experimentado economista José Antonio Ocampo como titular de Hacienda, nombre que se suma al del político conservador Álvaro Leyva, anunciado el sábado pasado como Canciller, que dicho sea de paso, ya hizo el empalme con la Vicepresidenta y Canciller actual, Martha Lucia Ramirez.

Pese a haber sido elegido por la coalición de izquierdas Pacto Histórico, el mandatario electo ha nombrado como sus dos primeros ministros, en carteras importantes, a dos hombres experimentados que ya han tenido cargos en otros gobiernos de derecha. Petro está ratificando así que ya está en marcha el gran acuerdo nacional, que proponen todos los presidentes electos tras ganar las elecciones, con el que se busca sacar adelante el país y para el cual ha convocado a todas las fuerzas políticas de Colombia.

El presidente electo le mando al país un mensaje de tranquilidad y respiro, sobre todo para los grandes comerciantes y emprendedores al nombre a Jose Antonio Ocampo, profesor de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, como Ministro de Hacienda, porque es un economista con una amplia trayectoria tanto en la vida pública colombiana como en organismos internacionales y un nombre que da confianza a los mercados.

El nuevo ministro es economista de la Universidad de Notre Dame de Estados Unidos y comenzó su vida pública como jefe de la cartera de Agricultura en 1993, en la presidencia del liberal César Gaviria. Ese cargo lo dejó al año siguiente para pasar a dirigir el Departamento Nacional de Planeación con el también liberal Ernesto Samper, de quien luego fue ministro de Hacienda. Entre 1998 y 2003, Ocampo fue secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, y hasta mediados de 2007 fue secretario general adjunto de las Naciones Unidas para Asuntos Económicos y Sociales. En años recientes fue codirector del Banco de la República, la autoridad monetaria de Colombia, y también candidato a la Presidencia del Banco Mundial en 2012, elección que perdió con el estadounidense Jim Yong Kim.

Los retos son esencialmente de largo plazo y exigen lograr mayor gasto público social y mayor eficiencia en todos los ámbitos de Gobierno, así como un aumento de los ingresos tributarios, que deben ser graduales y no de un fuerte impacto, para lograr el equilibrio indispensable y evitar movimientos económicos fuertes e innecesarios, más cuando se tiene que cumplir con otros objetivos, entre los que están la priorización de los gastos ante las inmensas demandas y promesas de campaña que hizo el presidente electo. Una de esas promesas está la creación de nuevos ministerios, el de la Igualdad que pidió la vicepresidenta electa y posiblemente el nuevo ministerio de la Policía, que, de crearse ambos, irían en contra de la racionalización del gasto público.

A lo anterior hay que tener en cuenta que el presidente electo propuso varios retos a corto plazo, asociados a la inflación, especialmente de alimentos, que exigen aumentar el apoyo de ingresos a los hogares pobres y vulnerables, más de lo que ya reciben con los beneficios que otorga el actual gobierno, entre ellos el de Ingreso Solidario, que cubre una población de más de cuatro millones de colombianos, asegurados hasta diciembre de este año.

El ministro designado tendrá que poner en marcha la reforma tributaria de Carrasquilla y que fue retirada por el presidente Duque por impopular; pero, ahora, sobre Ocampo recaerá la reforma tributaria que Petro quiere aprobar en su primer año de mandato y que, a diferencia de la impulsada por su predecesor, Iván Duque, quiere ser más ambiciosa pero dirigida a los más ricos, en donde seguramente no solo los ricos se verán afectados, sino también una buena parte de la base tributaria; es decir, el colombiano del común.


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