Falta de reconocimiento a quienes nos alegraron la vida

Editorial
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Entre todas las características negativas de los seres humanos la más despreciable y condenable es la ingratitud. Aquella persona que no agradece, que no aprecia, ni valora cuando le han tendido la mano, cuando ha habido preocupación por ella, cuando la han soportado económicamente, cuando la han guiado y ha tenido respaldo moral no merece sino el rechazo de la sociedad en general y de quienes han estado pendientes de ella en particular.

Hemos tenido en el ámbito cultural personajes o artistas que nos han producido horas de risa, de diversión y de amenidad. Ellos son los cómicos y los humoristas quienes han sido aplaudidos en el instante en que se presentan, más los olvidan muy rápidamente.

Se trata de la amnesia colectiva, Verbigracia sus películas jamás han estado entre los premios Oscar; en cambio las cintas dramáticas, de tragedias humanas, de violencia, de situaciones vituperables de la vida sí han tenido reconocimiento.

Es algo inexplicable, que no tiene sentido, que no es justo y que de ninguna manera debiera ser así. Actualmente a veces en el seno familiar se seleccionan películas con la facilidad que nos proporciona el avance tecnológico y pocas o mejor aún escasas son las personas que se inclinan por los temas humorísticos o cómicos; se relegan al segundo plano.

Son también contados con los dedos de la mano los libros biográficos que se relacionan con ‘Cantinflas’ o Chaplin por mencionar a nuestro juicio a los mejores cómicos que ha habido en la historia; incluso sus vidas merecerían mayor difusión habida cuenta de que fueron ejemplo de dedicación, sufrimiento, con toda clase de obstáculos, que los superaron todos para llegar a la cima de su éxito artístico.

Si analizamos la vida de los grandes hombres y mujeres casi todos han padecido un poco de hambre y de frío; desde luego hay excepciones que nos confirman la regla. Esas mismas dificultades han forjado las grandes personalidades en el mundo político, social, militar, económico, artístico, profesional y deportivo.

Sin discusión alguna Mario Moreno más conocido como ‘Cantinflas’ ha sido el mejor y más destacado actor cómico en el ámbito iberoamericano. Difícilmente el habla hispana vuelve a tener un personaje de la farándula de tantas calidades humanas, tan polifacético y de tanto sentimiento artístico.

Le tocó pasar las duras y las maduras. Padeció hambre y por el afán de conseguir su sustento se acercó siendo muy niño a las carpas de circo para mostrar que era bailarín y que no le daba miedo hablarle a la gente. Interpretó en la pantalla al maestro, al torero, al sacerdote, al político, al bombero, al fotógrafo, al torero, al Colón colonizador, al prestidigitador, en fin múltiples fueron sus facetas artísticas.

En un momento dado como dicen popularmente “se le apareció la virgen” dado que por fuerza de la ausencia del presentador el administrador y dueño del circo a pesar de su corta edad le dijo: “encárguese de presentar el espectáculo”. Ese jovencito se desempeñó casi con más solvencia y espontaneidad que aquél que tenía esas funciones; llamó la atención, produjo impacto positivo por ser tan joven y así comenzó su carrera teatral.

Fue sindicalista activo; junto con el cantante Jorge Negret fueron defensores a ultranza del gremio artístico, pero, entre ellos, todo el tiempo hubo desavenencias, disputas y enfrentamientos tan serios que varias veces se fueron a las manos.

Sus películas se vieron en Europa, en los Estados Unidos y en Latinoamérica con tal entusiasmo de que los teatros se llenaban. Sus recibimientos eran multitudinarios y apoteósicos. En el Brasil sus admiradores en una manifestación de aprecio lo tuvieron ad portas de asfixiarlo y por esa causa en adelante no volvió a usar corbata.

Lástima que los jóvenes de hoy ni siquiera sepan de la existencia de ‘Cantinflas’. En Colombia a menudo y con mucha teleaudiencia hay programas homenajeándolo y se pueden ver sus principales películas.

Hoy en el mundo anglosajón esto es Estados Unidos y Gran Bretaña los humoristas están de moda y tienen por ende mucha gente que los escucha y ve en las pantallas de los televisores y de los teléfonos móviles.

Una manera de recrearnos en esta época pandémica es justamente volcándonos hacia los comediantes y humoristas que nos refrescan la mente y nos proporcionan deleite espiritual.
Hoy a alguien que habla mucho pero no dice nada o es incoherente o no posee claridad conceptual se le denomina “un Cantinflas”.


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