Reconciliar a Occidente para competir con China

Editorial
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El presidente estadounidense, Joe Biden, intentó reparar los lazos de su país con Europa y recuperar el ideal de Occidente como adalid y garante de la democracia, al invitar al viejo continente a unirse a Estados Unidos en su competición estratégica a largo plazo con China.

Al cumplir un mes en el poder, Biden se estrenó en el escenario global al participar en dos foros, la cumbre virtual del G7 y la Conferencia de Seguridad de Múnich, decidido a retomar el papel de liderazgo tradicional de Estados Unidos en Occidente y dejar atrás el aislacionismo del expresidente Donald Trump.

Consciente de las grietas que ha dejado el mandato de Trump en la relación con Europa, Biden convirtió su primer discurso sobre política exterior en un relato sobre dos bloques; una división del mundo entre unas democracias más o menos debilitadas, pero dignas de salvar, y unas autocracias en pleno auge, como la de China.

Apenas un mes y medio después de que una turba de seguidores radicales de Trump atacara el Capitolio de Estados Unidos, Biden reconoció que la democracia está bajo asalto en su país y en Europa, y pidió defenderla, luchar por ella y fortalecerla, para que no se convierta en una reliquia de la historia.

El mandatario arremetió contra las relaciones internacionales que se diseñan de forma transaccional o extractiva, y aseguró en cambio que si la alianza transatlántica ha durado tantas décadas es porque está basada en valores democráticos comunes.

Con ese argumento, Biden intentó convencer a los europeos y de paso, a los países con salida al Pacífico- de que se sumen de forma decisiva a una competición con China que para Washington no solo tiene un impacto económico, sino político y social.

La competición con China va a ser dura. Eso es lo que se espera, y es algo a lo que le dan la bienvenida los estadounidenses porque creen en el sistema global que Europa y Estados Unidos juntos, con sus aliados en el Indopacífico, luchab tan duro para construir en los últimos 70 años. Su mensaje no tendrá fácil encaje en una Unión Europea donde muchos líderes y empresarios quieren estrechar la relación económica y comercial con Pekín, y que en diciembre firmó un acuerdo de inversiones con China que generó un profundo malestar en el equipo de Biden.

La dificultad para abordar ese tema quedó clara cuando el presidente francés, Emmanuel Macron, evitó hablar sobre China durante su intervención en la misma conferencia poco después de Biden. Además, Macron insistió en su idea de la autonomía estratégica de Europa para reducir su dependencia de las grandes potencias, incluido Estados Unidos; mientras Biden evitaba uno de los temas más espinosos en la relación: la amenaza estadounidense de sanciones por el gasoducto Nordstream 2, que unirá Rusia y Alemania.

Biden tendrá que desarrollar e invertir realmente en una estrategia hacia Europa más sofisticada si quiere llegar a los niveles de cooperación transatlántica que necesita y también tiene que decidir qué quiere que ocurra en Europa, y no solo qué quiere extraer de Europa.

El nuevo presidente estadounidense esquivó en efecto asuntos complicados como la relación de la UE con el Reino Unido después del Brexit, pero sí se refirió a Rusia y sus intentos de debilitar el proyecto europeo, y defendió la soberanía de Ucrania en términos mucho más claros de lo que solía hacerlo Trump.

El tema que había generado más expectativas antes de su discurso era la relación con Irán, un día después de que Washington ofreciera formalmente volver a la mesa negociadora con Teherán para salvar el acuerdo nuclear del que Trump retiró a Estados Unidos hace más de tres años.

Biden insiste en que también hay que abordar las actividades desestabilizadoras de Teherán en Oriente Medio, sumada a la negativa de la Casa Blanca a levantar pronto las sanciones a los iraníes, que dejan claro que reactivar la diplomacia no será fácil.

La muestra más clara de que Biden quiere retomar el papel de líder de Estados Unidos llegó unas horas antes, durante su participación en la reunión virtual del G7, cuando anunció que su país donará un total de 4.000 millones de dólares a la alianza GAVI para un acceso equitativo a nivel global a la vacuna de la covid-19.

Biden se comprometía así con una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud, OMS, que Trump desdeñó, y lo hacía el mismo día en el que Estados Unidos se reintegró formalmente al Acuerdo de París sobre el clima. Esos dos puntos demostraron el profundo contraste en la relación con Europa que ha marcado la llegada de Biden al poder, y provocaron que, pese a las diferencias en algunos puntos, la reacción a su discurso en el continente fuera positiva.


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