El dolor del secuestro

Editorial
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La herida del secuestro, del cual fueron víctimas miles de personas durante el conflicto armado, sigue siendo una herida abierta en la sociedad colombiana que espera que el pedido de perdón de la antigua guerrilla de las Farc sea el punto de partida para la justicia y la reparación.

Ocho miembros del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, Farc, que hicieron parte del Secretariado, máximo órgano de decisión de la guerrilla, hicieron un mea culpa para pedirle perdón público a todas las víctimas de secuestro y a sus familias, declaración bien valorada por los colombianos pero insuficiente para pasar la página.

El secuestro sólo dejó una profunda herida en el alma de los afectados e hirió de muerte la legitimidad y credibilidad de ese grupo armado. La magnitud y gravedad de este crimen se puede constatar en el carácter prioritario que le dio la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, cuando el 4 de julio de 2018 abrió el primero de siete grandes procesos por el conflicto armado, el llamado “Caso 01”, relacionado con el secuestro de personas por parte de las Farc entre 1993 y 2012.

Según la JEP, en este proceso se investigan más de 9.000 hechos ocurridos durante esos 19 años y hasta el momento 2.107 víctimas han sido acreditadas, pero en la primera etapa de la investigación la Sala de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas del tribunal ha encontrado que las víctimas pueden llegar a ser más de 20.000. La cifra, aunque escalofriante no sorprende si se tiene en cuenta que la Fundación País Libre llegó a contabilizar 3.706 casos de secuestro en el año 2000, no solo cometidos por las Farc y otros grupos armados ilegales sino por la delincuencia común, que en muchos casos hizo tenebrosas alianzas con los grupos guerrilleros a los que “vendía” cautivos.

De esa industria criminal, con la que las Farc financiaban en parte su actividad, fueron víctimas civiles de todas las condiciones sociales así como políticos, policías y militares tomados cautivos a montones por la guerrilla al terminar los sangrientos asaltos a pueblos remotos de todo el país.

La propia JEP llama al caso de los secuestros “Retención ilegal de personas por parte de las Farc” porque ese el término usado por la Fiscalía General en el informe presentado a ese tribunal, y por eso la satisfacción de Mendieta con el hecho de que los responsables hablen por fin de secuestro.

Las Farc siempre han hablado de prisioneros de guerra, que ahora acepten el secuestro ya es un punto de avance, pero falta muchísimo más. Tras el reconocimiento del secuestro y toda la tragedia que ello supuso y aún supone para miles de personas, la sociedad colombiana espera que las Farc y la propia JEP avancen en lo que prevé el acuerdo de paz, que es la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.

La verdad es fundamental porque la sola admisión del secuestro y pedido de perdón de los miembros del partido Farc no es suficiente ya que para las víctimas es muy difícil pasar la página por las secuelas físicas y síquicas que quedan. Todo es supremamente difícil en el secuestro por las privaciones, las limitaciones, los tratos crueles, inhumanos y degradantes; en la vida diaria, la falta alimentación adecuada, de un lugar para pasar la noche, del vestuario, de las medicinas; las cadenas, los candados; estar atados al cuello, amarrados a los árboles, las extenuantes caminatas de días, meses, todo eso es supremamente difícil; sin embargo, no todos los secuestrados por las Farc tuvieron la suerte de regresar porque muchos murieron en cautiverio o fueron ejecutados al intentar escapar o al ser rescatados. En septiembre pasado, durante una audiencia del “Caso 01” con exjefes de las Farc, se señaló que al menos 522 personas que fueron secuestradas por esa guerrilla murieron en cautiverio.


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