Carnaval, cultura con tradición y economía naranja

Editorial
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Los samarios deben ser consciente de la importancia de preservar y conservar las tradiciones que hacen parte de la cultura y de la idiosincrasia, como parte esencial y arraigada del acervo cultural. Una de esas partes es el carnaval, que nació en estas tierras y que con el paso del tiempo se fue para Barranquilla, en donde ahora se ha institucionalizado como uno de las mejores fiestas de Colombia.

Lástima que no se podido unificar las diferentes fundaciones carnavalearas en Santa Marta, para hacer uno como Barranquilla, y con el paso del tiempo, mejor que el actual. Ahora, El Barrio Abajo, el tradicional y populoso sector donde nació el Carnaval de Barranquilla a mediados del siglo XIX, fue declarado “Área de Desarrollo Naranja” por el Gobierno colombiano, que busca impulsar las industrias creativas y culturales vinculadas a estas fiestas.

Jugada maestra de los barranquilleros y de cultores de la región que preservan su fiesta y día a día buscan mantenerla actualizar para que quede en el futuro. El Barrio Abajo es el lugar donde las ruedas de cumbia, los sancochos en las terrazas, las fachadas coloridas y el arte urbano que conforma una galería a cielo abierto, permite vivir una experiencia única del Caribe colombiano. Barranquilla tiene en el Barrio Abajo un espacio donde confluyen la gastronomía, los juegos tradicionales y las manifestaciones carnestolendas.

Uno de los objetivos de la declaratoria, la primera del país, es poner en marcha un proyecto cultural en esa zona para que allí se viva el Carnaval de Barranquilla los 365 días del año y se impulse el turismo. En 2003, las fiestas fueron proclamadas como obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad, y cinco años después incluidas en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. El Carnaval de Barranquilla este año se celebra desde el pasado sábado del 22 hasta mañana 25 de febrero en un festejo en el cual se reúnen expresiones emblemáticas de la memoria e identidad del pueblo barranquillero, del Caribe colombiano y del Río Grande de La Magdalena.

Gracias a los mecanismos creados por el Gobierno, los proyectos de infraestructura cultural que se realicen dentro de las Áreas de Desarrollo Naranja contarán con incentivos fiscales para su ejecución; se prevén deducciones tributarias del 165 % sobre el valor de las inversiones y donaciones que allí hagan los inversionistas privados para el fortalecimiento de la creación, producción, circulación y acceso de la ciudadanía a las prácticas artísticas, culturales y patrimoniales.

Es, sin duda, una gran oportunidad para promover la articulación del sector cultural con el sector privado, que empieza a ver las bondades de invertir en proyectos culturales con alto valor simbólico. Según cifras del Sistema de Información Turística del Atlántico y Barranquilla, Situr, el movimiento económico en la temporada del Carnaval de Barranquilla del año pasado fue de 384.936 millones de pesos y el número de asistentes, 972.843 personas.

Más de 30.000 hacedores -entre artesanos, bailarines, músicos y muchos otros, en su mayoría representantes de la economía naranja- se benefician del Carnaval, por lo que al convertirse en una actividad durante todo el año representa beneficios para la economía de la ciudad.


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