Cada 26 de diciembre, la Iglesia Católica conmemora a San Esteban (Grecia, 5 - Jerusalén, 36), el primer cristiano que dio su vida para dar testimonio de su fe en Jesucristo y difundir el Evangelio.
Su martirio se describe en los Hechos de los Apóstoles, donde son evidentes tanto su llamada al servicio de los discípulos como su martirio por lapidación en presencia de Pablo de Tarso, que más tarde se convirtió en el camino de Damasco. San Esteban es venerado como protodiácono y protomártir. El primer epíteto se debe a que fue el primero y quizá el más importante de los diáconos elegidos en Jerusalén.
San Esteban murió apedreado (pena de lapidación) tras ser condenado a muerte por el Sanedrín. Él había enfrentado y criticado a las autoridades judías por no haber reconocido al Mesías y, peor aún, por haberlo asesinado. Fue arrastrado fuera de la ciudad de Jerusalén donde lo ejecutaron (cfr. Hch 7,54-55).
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Mientras recibía el impacto de las piedras, San Esteban alcanzó a pronunciar las siguientes palabras: "Señor Jesús, recibe mi espíritu", y con su último aliento, puesto de rodillas, exclamó con fuerza: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado", abogando por aquellos que le quitaban la vida.
Un sacrificio unido a Cristo
Muchos podrían preguntar por qué recordar a un mártir en medio de la Octava de Navidad. ¿No es la alegría lo que debe imperar? Que sean los Pontífices quienes respondan:
En la celebración del Santo en el año 2014, el Papa Francisco señaló que "con su martirio, Esteban honra la venida al mundo del Rey de los reyes, da testimonio de Él y ofrece como don su vida, como lo hacía en el servicio a los más necesitados. Y así nos muestra cómo vivir en plenitud el misterio de la Navidad".
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Por su parte, el Papa Emérito Benedicto XVI, el 26 de diciembre de 2012, se refirió a San Esteban con estas palabras: "¿De dónde sacó el primer mártir cristiano la fuerza para hacer frente a sus perseguidores y llegar hasta la entrega de sí mismo? La respuesta es simple: de su relación con Dios, de su comunión con Cristo, de la meditación sobre la historia de la salvación, de ver la acción de Dios, que alcanza su cumbre en Jesucristo".
¡Que viva Esteban, cuyo sacrificio embellece aún más la Octava de Navidad!
¡Feliz día de San Esteban!