Médicos en época de pandemia

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Con la llegada del coronavirus, en el 2020 los héroes de la medicina sacaron todos sus poderes para salvar vidas; su pasión por ayudar a los demás ha sido más fuerte que sus propios miedos.

Hoy en el Día Panamericano de Médico, fecha en que se exalta la labor de los galenos de todo el mundo, pero este año más. El 2020 se ha convertido en el año más complicados para todos, la llegada de la Covid-19 ha causado efectos negativos en las familias.

Héroes de capa blanca

Para nadie es un secretos que los médicos se han convertido en el escalón más importante para la salud de las personas en este 2020, son ellos quienes enfrentan  arriesgan también su vida por salvar la de los pacientes.

Pese a que el coronavirus ha afectado a decenas de miles de personas en todo el mundo, sin importar la edad, aunque se concentra con más facilidad en unos grupos determinados, han sido los médicos, las enfermeras, auxiliares, camilleros y otros profesionales de la salud, unas de las poblaciones que han vivido con más dureza las consecuencias del virus.

Han arriesgado sus vidas, convivido con el virus, se han sobrecargado de trabajo y, además, han tenido que soportar el rechazo de la gente en las calles, buses y supermercados ante el temor infundado de que ellos son fuente de contagio del nuevo coronavirus.

Ser médico en época de pandemia

La medicina es una profesión vocacional, una profesión que requiere mucho sacrificio. Durante estos días, el trabajo del médico y del resto de profesionales sanitarios está siendo extremadamente duro. Horas de trabajo interminables, en unas condiciones de falta de recursos y de estrés, en contacto continuo con el sufrimiento humano, y poniendo en riesgo su propia vida. Muy pocas veces la historia pone a prueba a los médicos como lo está haciendo estos días. Pero es en circunstancias como las actuales cuando probablemente brota con más fuerza la vocación, cuando mayor es el orgullo de dedicar la vida a servir y ayudar a los demás, ese ideal que todo aspirante a estudiante de medicina y todo estudiante de medicina vivió con máxima intensidad en algún momento de su adolescencia y juventud. La población sale cada día a aplaudir a los profesionales sanitarios y dice que son héroes. Pero ellos repiten que no quieren ser héroes. Solo quieren hacer su trabajo de la mejor forma posible, con unos medios adecuados y un reconocimiento de su labor que se refleje también en mejores condiciones laborales y no solo en elogios.

Son muchas las lecciones que el estudiante de medicina puede aprender de esta pandemia. Son momentos de generosidad, de humildad e incertidumbre, pero también de confianza. Nunca hemos estado mejor preparados para luchar contra una epidemia, y sabemos que doblegaremos a este virus. Pero por eso, pase lo que pase, no debemos sucumbir ante la tentación de bajar el listón de nuestros estándares metodológicos y de nuestros principios éticos. Ahora es más importante que nunca no dejarse llevar por las creencias y de confiar en los datos, las pruebas y el conocimiento.

En las fotos de los grandes médicos del último siglo, Gregorio Marañón o Carlos Jiménez Díaz en España, o William Osler, considerado el padre de la medicina moderna, ejerciendo su profesión en EE.UU. e Inglaterra, estos suelen aparecer estudiando en sus libros, o enseñando a sus alumnos al lado de sus pacientes. Los mejores médicos conocen bien la ciencia médica, tratan de aplicar la mejor evidencia y de ejercer esa medicina que se practica con el cerebro. Pero eso no es suficiente. También aplican esa cercanía, esa comunicación indispensable en cualquier acto médico que pretende ir más allá de la ciencia. Es la medicina que se practica con el corazón. Como dice el viejo proverbio, la labor del médico es «curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre». 




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