Al entrar en la Semana Mayor, en las plazas, los centros comerciales, las playas; entre otros lugares se percibe provocativo olor, gracias a los puestos de venta de los dulces típicos de la Semana Santa.
Tradicionalmente, se les conoce a los vendedores por los rasgos físicos de la comunidad afrodescendiente que, en su mayoría, tiene raíces en San Basilio de Palenque (Bolívar), quienes invitan a comprar con una sonrisa, con carisma y con un ‘cantaito’ propio de su región.
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Las cocadas, caballitos, enyucados y otros dulces se convierten en una deliciosa y tentadora opción gastronómica para los propios y visitantes durante estos días, y cómo no, si son las meriendas y postres. Muchos de los vendedores del producto mencionado, dicen que “su trabajo” hace parte de una leyenda de vida, que han estudiado durante años y que han visto de generación en generación.
Levantarse desde las 4:00 de la mañana para muchos es un dolor de cabeza, pero para ellas (las palenqueras), es más que un gusto… Buscar el coco, la papaya, la panela, y demás materiales se vuelve el inicio de la gran obra. A medida que van pasando las horas, los rayos de sol van mostrando que es momento de calentar los calderos y de poner los palos de manera en el suelo.
Rallar el coco, picar la panela, moler la yuca; son los pasos de la “obra palenquera”, para así ponerlo a calentar en los calderos. A medida que todo se va cocinando, con la mano se debe ir revolviendo para que no se pegue.
No crea que esos ‘manjares’ que usted se come, se elaboran en solo una hora… Se equivoca, su preparación tarda entre tres o cuatro horas, eso sí; sin juntar el tiempo que demoren buscando la materia prima.
Por: María Patricia Gutiérrez
Redactora de EL INFORMADOR