Oración colecta
Oh Dios, que en tu infinita gracia sigues multiplicando a tus hijos, mira con amor a quienes has llamado a tu Iglesia, para que, nacidos del bautismo, alcancen la gloria de la resurrección por Jesucristo, tu Hijo. Amén.
Dios, que con su gracia acrecienta a sus hijos, contempla con amor a su Iglesia para que quienes han renacido en el bautismo participen también de la resurrección gloriosa.
El Señor resucitado se manifiesta a sus apóstoles, corrige su falta de fe y los envía a anunciar el Evangelio a todos los pueblos.
De las Catequesis de Jerusalén
El pan del cielo y la bebida de salvación
En la última cena, Jesús tomó el pan y el vino, dio gracias y los ofreció a sus discípulos como su cuerpo y su sangre, invitándolos a creer firmemente en este misterio.
Por ello, debemos recibir la Eucaristía con plena fe, reconociendo en el pan y el vino el cuerpo y la sangre de Cristo, que nos hacen partícipes de su vida.
Así, como enseña San Pedro, llegamos a ser partícipes de la naturaleza divina al unirnos a Cristo.
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Cuando Jesús habló de comer su carne y beber su sangre, muchos se escandalizaron al entenderlo de forma literal, sin comprender su verdadero sentido espiritual.
En la antigua alianza existían signos como los panes de la proposición, pero en la nueva alianza se nos da el verdadero pan celestial y la bebida que santifican alma y cuerpo.
Por eso, el pan y el vino consagrados no deben considerarse simples elementos, sino el cuerpo y la sangre de Cristo, realidad que la fe nos enseña a aceptar.
Formados en esta fe, creemos que, aunque parezcan pan y vino, son verdaderamente Cristo quien fortalece el corazón y transforma el alma.
Que, con corazón puro y rostro descubierto, podamos contemplar la gloria del Señor y avanzar de gracia en gracia en Cristo, a quien sea la gloria por siempre. Amén.
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